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Si oyes la palabra meditación, ¿qué imagen es la que se forma en tu mente de forma inmediata? ¿La de un monje budista sentado durante horas en la posición del loto delante de una figura de buda, en un habitación en la que apenas se puede ver por el humo del incienso y que tiene el don de dejar la mente en blanco? Si la imagen que se forma es ésa, he de decirte que es muy posible que en tu imaginación se haya inoculado alguno de los cinco mitos a desterrar sobre la meditación y que son éstos que te detallo a continuación:

1. Meditar es dejar la mente en blanco.

La mayoría de la gente que no ha metido jamás piensa que meditar es dejar la mente en blanco. ¡Error! Dejar la mente en blanco es una tarea titánica, por no decir imposible. Pero tranquilo, para meditar no es necesario dejar la mente en blanco: sí que es necesario elegir un foco en el que poner la atención e intentar no distraerse. En la ahora tan de moda meditación ‘mindfulness’, también conocida como de atención plena, lo que se entrena es eso, la atención. Por ejemplo, se puede elegir la respiración como foco de atención, y el trabajo consiste en intentar que la atención no se desvíe de ahí. Si eso sucede (que es lo más probable) simplemente se le pide de manera educada a la mente que vuelva a poner su atención en la respiración. Y poco más.

2. Para meditar es necesario estar en una habitación rodeado de budas e incienso. 

Segundo error. Es posible meditar en cualquier sitio. Incluso en el puesto de trabajo. Lo único que es necesario para meditar es tener una actitud meditativa, es decir, estar de alguna manera predispuesto a tener un contacto profundo y calmado consigo mismo. Se puede meditar haciendo cualquier actividad, como cuenta el monje zen Thich Nhat Hanh en uno de sus libros en el que cuenta cómo meditar fregando los platos. Para ello, asegura este monje,  «mientras friegas los platos debes estar únicamente fregando los platos».

3. Si quiero meditar, tengo que ser muy flexible para sentarme en la postura del loto. 

Esta excusa para no ponerte a meditar se te va a acabar pronto: se puede meditar sentado en una silla. No hay problema. Si se puede meditar fregando los platos, imagínate. También se puede meditar andando o incluso tumbado, si consigues no dormirte, claro. Si lo quieres hacer sentado, que es lo más normal, lo importante a la hora de meditar es mantener la espalda recta. Para lograrlo es necesario sentarte al borde de la silla y no apoyarte en el respaldo. La coronilla debe apuntar hacia el cielo, como si un hilo invisible tirara de ella hacia arriba. Las manos puedes dejarlas descansar sobre las rodillas y también es importante que los pies estén bien apoyados en el suelo. Si eliges para meditar la postura de loto o de medio loto (si eres flexible, se entiende) es importante que las rodillas estén en contacto con el suelo.

4. Para meditar hay que ser budista. 

La meditación está cada vez más extendida y hay muchas personas que no sienten ninguna devoción por el budismo o que no se consideran religiosas que meditan a diario. Durante los últimos años se ha comprobado de manera científica los muchos beneficios que la meditación tiene sobre la gestión del estrés y sobre la salud y cada vez está más extendida la meditación despojada de un contexto religioso. La prueba de ello es la eclosión en los últimos años de la meditación ‘mindfulness’, que nació en la Universidad de Massachussets y cuyo programa de reducción del estrés de ocho semanas se enseña en todo el mundo, incluido en www.gaetanehermans.org. Algunas empresas, como Google, tienen programas de meditación para sus empleados con el fin de que rindan más y sean más felices.

5. Para meditar necesito mucho tiempo. 

No, no es necesario mucho tiempo. Cierto que hay practicantes avanzados de meditación que se van a retiros que incluso pueden llegar a durar tres años, tres meses y tres días, pero para empezar en esto de la meditación puedes hacerlo dedicándole un solo minuto. En este vídeo te explican de forma gráfica y divertida cómo hacerlo. Así que una vez desterrados esos mitos, sólo te queda ponerte manos a la obra.