viventi estres

¿Qué relación tienen un toro bravo, un toro manso y la manera de la que podemos combatir el estrés? La actitud ante las situaciones de peligro. Acción o evitación. Reacción o respuesta. Así que te pregunto de nuevo, cuando sales a la calle por la mañana, ¿tienes la sensación de que lo haces como torillo que sale del redil?, ¿ves muletas ondeando en los semáforos en rojo?, ¿visualizas a tus compañeros de trabajo como picadores y banderilleros dispuestos a clavarte la puya o una banderilla al menor descuido? ¿Ves a tu jefe que se dirige a tu mesa con un papel en la mano y tú te preparas para embestir? En tu día a día, ¿eres toro bravo o toro manso?

Estrategias de afrontamiento al estrés

En el Programa de reducción de estrés e inteligencia emocional basado en la atención plena se realiza un trabajo de autoobservación de la respuesta al  estrés. Distingue dos estrategias principales: respuesta y reacción. La respuesta como una acción que responde a un plan y a un objetivo y la reacción como un impulso instintivo y automático. Cada una de las estrategias tiene, además, unas consecuencias sobre nuestro organismo, ya que también se produce una adaptación emocional y fisiológica ante la situación estresora.

La respuesta es la salida más sana y equilibrada, ya que contempla un periodo de reflexión para madurar los objetivos, métodos y consecuencias de tus acciones.

En la reacción, el cuerpo se prepara para el ataque  o la huída, o lo que es lo mismo, para un esfuerzo energético importante. Si eres de los que entra al trapo con facilidad, eres toro bravo. Si piensas que la fiesta no va contigo y lo que quieres es regresar por donde has venido como si no pasara nada, eres toro manso.

Si yo fuera un toro

Imagina por un momento que eres tienes cuerpo de toro, que respiras como un toro, que miras como un toro y que reaccionas como un toro. Ahora, visualiza delante de ti un día tuyo en el que incluyas la mayoría de tus actividades ordinarias. ¿Cómo las vives, como una amenaza constante o como algo que no va contigo? ¿Embistes el teléfono cada vez que suena o lo tienes en silencio para quedarte más tranquilo?

Yo si fuera un toro, probablemente, sería un toro manso. No sé si es mejor o peor que ser un toro bravo. Lo que si sé, es que en ocasiones, más de las que me gustaría, la querencia me lleva hacia las tablas. No soy un bovino, aunque me comporto como una res: reacciono en lugar de responder.

En el coso

Si hiciéramos un símil entre la plaza y de toros y la vida, nos podría quedar de la siguiente manera:

El toro representaría nuestro instinto. Nuestra reacción automática ante los estímulos externos. Nuestra capacidad de decisión está limitada ante los lances, los pases o los quiebros de nuestro entorno. Las personas que nos rodean se nos antojan picadores, banderilleros, toreros o apoderados que nos llevan de tercio en tercio, mientras el público mantiene el pañuelo blanco guardado en la mano a la espera del desenlace.

El público representaría nuestra emoción. El aficionado es la voz de la pasión, del sentimiento, de la conmoción, de la piedad o de la  compasión. La vida del toro también depende de la valoración del aforo. Es la aprobación o el  rechazo de la casta del astado.

El torero representaría nuestra mente. La estrategia, el jugador de ajedrez sobre la arena. El torero, lejos de abandonarse a su suerte, tiene un plan, mantiene el temple, engaña, recorta o mariposea, enseñando al instinto que hay muchas maneras de acercarse a la muleta.

La respuesta está en la vida

En la vida hay que ser aficionado, torero y toro. Hay que saber encarar al instinto, intuir sus necesidades, adelantarse a sus movimientos para que ese impulso se transforme en una figura creativa, con ritmo, maleable. En la vida, hay que ser aficionado, torero y toro para disfrutar de nuestras propias creaciones, de nuestros momentos, de los logros y aprender de nuestras equivocaciones.

De esa manera, fluyendo con nuestra mente, emoción e instinto, aumentamos la cantidad de respuestas ante las reacciones. Somos  capaces de darnos tiempo para reflexionar sobre lo que queremos, lo que ansiamos y lo que deseamos. Nuestras acciones  están  relacionadas con los objetivos que diseñamos atendiendo a nuestros sentimientos.

A veces seremos más aficionado que astado, o más bovino que torero, el equilibrio completo es complicado. Lo importante es que mantengamos la atención plena a lo que ocurre a nuestro alrededor y que seamos capaces de cambiar de punto de vista así lo requiere la situación. Así, dejaremos las reacciones automáticas para cuando sean realmente necesarias, mientras sorteamos con gracia natural los lances del destino.

 ¿Ante qué situaciones te comportas más como un toro bravo? ¿Eres más torero o aficionado? ¿Qué te parece mejor: ser toro bravo o toro manso?

Si te consideras una persona estresada y quieres dejar de estarlo, te recomendamos este curso que daremos en breve en Málaga