Uno de los principales problemas que tenemos los seres  humanos es la desconexión tan grande con la que vivimos. Estamos rodeados de estímulos constantes, como el ordenador o el teléfono móvil. No paramos de hacer, de pensar, de tener que… Las prisas están casi siempre presentes y la exigencia se convierte en una compañera de camino. Así es muy difícil saber quienes somos y ser quienes somos en realidad. Quizás tengas una sensación grande de pérdida, de desorientación, de no saber quién eres ni qué deseas en la vida. En casos como éste es más necesario que nunca conectar con tu centro ¿Cómo conectar con tu centro? ¿Cómo lograr estar en tu esencia? Ser quien en realidad eres y lograr que nadie, por muy insistente que sea, te saque de tus casillas.

Hay múltiples técnicas para contactar con ese estado. En este post te voy a hablar de la que proponen Stephen Gilligan y Robert Dilts en su libro ‘El viaje del héroe’ y que es la que yo estoy usando con mis clientes para conectar con lo que estos autores denominan la conciencia somática generativa . Éste será uno de los trabajos que desarrollamos durante la formación de coaching integrativo que impartimos en Viventi.

¿Qué es la conciencia somática generativa? Cuando estos autores hablan de mente somática se refieren a la que está dentro del cuerpo. La mente mamífera, primaria, la que tienen los niños pequeños. Uno de los cerebros corporales recibe el nombre de cerebro entérico o sistema nervioso entérico. Está situado en el vientre y los neurocientíficos calculan que el sistema de nervios que rodea el intestino grueso y otros órganos digestivos del vientre tiene una sofisticación y una complejidad equivalente al cerebro de un gato.

Cuando experimentamos que algo está bien, lo hacemos en lo más profundo de nuestro cuerpo. Cuando experimentas dolor, no es sólo una experiencia intelectual: se activa también algo en lo hondo de tu cuerpo. Cuando sientes en lo más profundo de ti cuál es tu don o tu misión, hay algo en tu cuerpo que se activa y que dice «esto es». Así que para Gilligan y Dilts la primera mente es la somática, la base de todo lo demás. La segunda es la mente cognitiva, la de la cabeza, la pensante, y la tercera la mente de campo, la que nos conecta con la conciencia de lo que hay alrededor.

Para estar conectado con tu centro, tienes que estar conectado con estas tres mentes, pero con la primera que tienes que conectar es con tu mente somática.

¿Cómo conectar con tu centro?

Cada una de estas mentes tiene tres niveles de conciencia: primitivo, ego y generativo. El nivel habitual, el que llamamos el nivel del ego, es la mente común. La que podemos llamar la mente dentro de la caja. Lo habitual es que consideremos el cuerpo como un «ello», como una especie de animal que tiene que ser llevado de aquí para allá a lo largo del día.

Desayunas rápido por la mañana, te vas a trabajar y pones a tu cuerpo al servicio de lo que tienes que hacer de forma desconectada. Tal vez pases por el gimnasio de vuelta a casa y lo machaques porque crees que esa es la forma de cuidarlo, cuando en realidad no te paras a escuchar qué tiene que decirte. Ahí, en el nivel del ego, no experimentas la magia de tu cuerpo ni su magia creativa.

Cuentan estos dos expertos en PNL y coaching que aquellos individuos con un rendimiento excelente, tales como artistas, atletas, bailarines, líderes o sanadores, son aquellos que saben cambiar a un estado superior de conciencia corporal. «Saben que para hacer algo generativo, primero tienen que llevar su mente somática al nivel más elevado de conciencia», cuentan.

Lo que le suele suceder a la mayoría de las personas es que, cuando se encuentran con un reto, reducen a una marcha inferior. Esto es lo que convierte al reto en un punto muerto: ante el reto, la conciencia de la persona se degrada hasta un estado primitivo en el que no son posible nuevas respuestas o aprendizajes. «Volvemos a la sopa primordial de la conciencia. Esto ocurre cada vez que pierdes la identidad como consecuencia de un trauma, de una pérdida o de un fracaso», aseguran. Esto no es malo y sí es necesario. La gran pregunta en ese momento es si te quedarás ahí atascado o si podrás salir fortalecido.

Un ejercicio para conectar con tu centro

Llegados a este punto es posible que te preguntes cómo conectar con tu centro. Cómo desarrollar un estado somático generativo que te permita estar en tu centro. Éste es el ejercicio que proponen Gilligan y Dilts en este libro:

«Para comenzar el ejercicio, siéntate en una postura cómoda. Empieza a relajarte y asentarte. Y apoya los pies en el suelo para sentirlos enraizados en la tierra. Otra palabra para centrarnos es equilibrar. Al centrarnos, nos sintonizamos con el punto de equilibrio en cada dimensión de nuestra conciencia. De modo que no estés demasiado lejos hacia fuera ni estés demasiado lejos hacia dentro. Encuentra un punto de equilibrio donde puedas estar dentro y fuera al mismo tiempo

Mientras que el centramiento requiere relajación, no es únicamente relajación, como mirar la tele o beber cerveza, es relajación más atención, como lo hacen los artistas o los atletas. Se trata de estar relajado y consciente al mismo tiempo.

Un buen punto de partida es sentir que tu atención desciende, entra en el cuerpo y lo atraviesa. Empieza a sentir las plantas de los pies. Hay todo un universo de sensaciones en las plantas de tus pies que está siempre allí, pero del que no siempre eres consciente.

De modo que tómate unos momentos para empezar este proceso. Puedes hacerlo con los ojos abiertos o cerrados. Experimenta. Éste es tu proceso de aprendizaje desde dentro.

Y recuerda, lo que estamos diciendo fundamentalmente es que entrar dentro no es como irse a dormir. De hecho, es lo opuesto: estás despertando más y más; conectando y despertando.

Asentándote dentro y relajándote.

El paso siguiente es respirar. Al empezar a centrarte cambias del pensamiento a la respiración.

Tu respiración siempre está en el presente. Cuando conectas con tu respiración, estás en el presente. Y al asentarte en la respiración también podrías empezar a sentir el alineamiento de tu columna. Siente tu columna suave y luminosa. Puedes imaginar un hilo de luz en la coronilla que tira con suavidad de ti hacia arriba, elevando tu coronilla hacia el cielo.

Puedes tomarte unos momentos para respirar arriba y abajo… Dentro de tu columna. De modo que tu conciencia empiece a trasladarse de la tensión muscular a esta simple sensación sutil y energética de tu columna. Lo que emerge en primer plano sólo es esta agradable sensación de respirar subiendo y bajando por la columna.

Es como si tu respiración pudiera elevar la energía desde la tierra a través de las plantas de tus pies y ascender a través de la columna hasta el cuello.

Mientras respiras arriba y abajo por el interior de tu columna podrías incluir una especie de autobendición muy simple. Tal vez sea una palabra como autocuidado, autoamor o autoaceptación. Algo que puedas usar para empezar a darte una autobendición o autoafirmación por medio de tu conciencia espinal.  Tal vez sea una simple palabra como abrirme o despertar.

Y mientras sintonizas con tu respiración, con tu consciencia espinal, con la energía que sube y que baja dentro del tubo de la columna, y empiezas a dejar circular esta pequeña autosugestión por la columna, puedes ir añadiendo algunas sugestiones más para profundizar en ese estado. La primera es: nada que hacer en el cuerpo excepto relajarme. Nada que hacer en el cuerpo excepto relajarme. Nada que hacer en el cuerpo excepto relajarme. Sueltas toda la tensión a medida que te vas abriendo más profundamente dentro de esa conciencia centrada.

Y a medida que lo haces, podrías seguir sintiendo ese hilo, elevándote por medio de tu chakra corona, elevando suavemente tu columna y cabeza sintiendo profundamente tu canal, abriéndose, abriéndose.

Y para ayudarte más puedes añadir otra sugestión simple: Nada a lo que la mente se pueda agarrar… Nada a lo que la mente se pueda agarrar… Nada a lo que la mente se pueda agarrar… Nada a lo que la mente se pueda agarrar… Así está bien. Nada que hacer con el cuerpo excepto relajarse… Nada a lo que la mente se pueda agarrar…

Dejando ir todos los pensamientos y todas las creencias. Y respirando. Entrando en la mente de la no-mente, la mente sin contenido. Nada que hacer, excepto relajarse. Nada a lo que apegarse. Y desde ese lugar de alineamiento centrado no-mente es maravilloso descubrir que puedes recibir experiencias desde más allá de tu mente consciente. Una apertura a una mente mayor y una de las experiencias que puedes recibir de la mente superconsciente es la experiencia de un profundo bienestar y centramiento que tuviste en el pasado.

Vas recordando esas experiencias positivas y trascendentes en las que tu canal estaba abierto, tu centro estaba conectado con algo más profundo.

Deja que la mente superconsciente vuelva a traer los suaves ríos de la respiración, esas ocasiones de tu vida en las que te sentiste profundamente completo y en paz. Cuando fuiste capaz de sentir esa vitalidad y de sentir esa fuerza de vida, fluyendo plenamente a través de ti, un estado de excelencia sin esfuerzo.

Y a medida que recibes esas experiencias respíralas hacia el momento presente, hacia tu cuerpo. Y al hacerlo, date cuenta, ¿en dónde se enfoca tu atención durante esas experencias dentro de tu cuerpo? ¿Dónde esta´tu centro en tu cuerpo cuando estás en estas experiencias de bienestar?

Si caminaras por el mundo con esta sensación de bienestar, ¿dónde estaría tu centro?

Y a medida que sientes dónde está tu centro en el cuerpo puedes tomar tus manos y empezar a ponerlas sobre tu cuerpo allí donde tú sientas que tu centro está más enfocado en este momento.

Si tuvieras que hablar desde este estado de bienestar, ¿dónde estaría el centro de tu discurso? Asegúrate que dicho centro esté en algún lugar por debajo del cuello y por encima de las piernas, en el cuerpo. Encuentra este centro en tu cuerpo.

Date cuenta de cómo puedes encontrar tu centro, tocar tu centro, del mismo modo que tocarías a alguien que amas profundamente, de modo que la cualidad del toque sea capaz de despertar tu centro y de despertarte a ti también. Encuentra esa manera de conectar con tu centro que permite a tu conciencia, a tu espíritu, a tu conciencia más profunda, hacerse una con él.

Y  a medida que exploras y sientes esa cualidad de simple conexión profunda con tu centro, aprecia que ésa es tu base. Tú puedes abandonarla, pero ella no puede abandonarte. Siempre está allí. Y que cuando sientes desde esa base, empiezan a ocurrir cosas buenas en tu vida. Desde ahí, ¿hay algún voto, algún compromiso que quieras hacer?

Ésta será tu ancla con ese estado, tu símbolo, que te permitirá volver a este lugar, cada vez con más facilidad, haciendo de él la línea base de tu vida. Sabiendo que cuando quieras puedes tocar ese lugar, permitirte saber: ahora vuelvo a mi centro, vuelvo a casa, a mí mismo.

Ahora tómate un momento para respirar profundamente hacia tu centro. Permite que tu respiración lleve la energía hacia el centro, que anime el centro, que lo vivifique más y  más, y, al hacerlo, déjate volver a este mundo. Pero, a medida que tu atención empiece a reorientarse hacia fuera, mantén tu conciencia sintonizada con el centro.

Al abrir los ojos, mantén tu primera atención en ese centro mientras miras a la habitación y empiezas a mover el cuerpo. De modo que no estás soltando ni abandonando tu centro: estás mirando hacia el mundo y vinculándote con el mundo desde tu centro. ¡Bienvenido!».

¿Cómo te ha ido este ejercicio? ¿Has podido conectar con tu centro? ¿Cómo te sientes estando en él? Me encantaría leerte ahí abajo, en los comentarios.