Quedarse en blanco o, lo que es lo mismo, olvidar lo que vas a decir en un momento determinado es, cuanto menos, embarazoso. El contexto en el que se produce va a determinar que este bloqueo sea más o menos comprometido. Si estás en  una reunión con amigos y se te olvida el nombre de una película, puede convertirse en un juego adivinar de qué título estás hablando. Ahora bien, ¿qué pasa cuando esto de quedarse en blanco ocurre en mitad de una conferencia, un examen o una entrevista de trabajo? De simple anécdota, la situación pasa a ser incómoda, incluso de gravedad. Cómo evitar quedarse en blanco al hablar en público es lo que voy a explicarte en este artículo.

¿Qué me pasa cuando me quedo en blanco?

Quedarse en blanco es un síntoma de estrés en el que interviene la hormona corticosterona que liberas en momentos de tensión y que afecta a zonas de tu cerebro relacionadas con la memoria y la recuperación de recuerdos. Esta pérdida temporal de memoria se puede prolongar hasta unos 90 minutos. Por eso, normalmente accedes a esa información pasado un rato, cuando el momento de peligro ya ha pasado.

En ocasiones, el miedo a revivir este trance se convierte en un objetivo, evitando circunstancias similares, lo que te puede generar actitudes esquivas ante situaciones cotidianas, invitaciones a vivir nuevas experiencias u oportunidades de crecimiento profesional. Adoptas una actitud defensiva ante el miedo a quedarte en blanco en lugar de aceptar que es algo que puede suceder y aprender a gestionarlo.

Si este es tu caso, déjame que te cuente algunas estrategias que puedes llevar a cabo para dominar este instante y dar rienda suelta a tu elocuencia en cualquier contexto y ante cualquier público.

Cómo evitar quedarse en blanco

Las técnicas de meditación y relajación son muy beneficiosas para aprender a gestionar tus pensamientos, emociones y sensaciones. Paradójicamente, estas son herramientas que llevan a un estado similar al de dejar la mente en blanco, desde el punto de vista de la ausencia de juicios y valoraciones, dejando a un lado las expectativas de lo que debería ser, para estar desde lo que es, desde el presente. Enfocando tu atención en tu presente, eres capaz de resolver los imprevistos de una manera creativa, aportando lo mejor de ti en cada momento, en lugar de cubrir expectativas y contando con los recursos que tienes, en lugar de pensar en los que te faltan.

La preparación del texto es fundamental para familiarizarte con el contenido de lo que vas a contar. Aunque sea una presentación de diez líneas, cuanto más tuyo sea más fácil te resultará comunicarlo. Lo ideal es que seas tú mismo quien lo escriba y después practiques su lectura. Si no puedes escribirlo tú, con más razón. Aunque el código es el mismo, el estilo es muy personal, así cada sujeto tiene preferencia por un vocabulario concreto y una manera concreta de construir las frases. Por eso es importante, al menos, una o varias  lecturas comprensivas para asegurarte de que entiendes el objetivo del mensaje.

También es fundamental para evitar quedarte en blanco el entrenamiento de la comunicación no verbal. Intenta representar el texto sin palabras. Como si fueras un mimo en mitad de una calle contando una historia. De esta manera, incorporas la expresión facial y corporal a tu declamación, enriqueciendo tu puesta en escena. Además este ejercicio te ayuda a grabar en tu cuerpo, a través del movimiento, qué es lo que quieres decir y tendrás otro recurso para recordar con más facilidad lo que quieres contar.

Acepta que puede pasar

Si quieres evitar quedarte en blanco, lo mejor es que aceptes que es una posibilidad que puede pasar. Y que si eso ocurre, siempre puedes salir airoso siendo honesto, reconociéndolo con naturalidad, integrándolo en tu discurso como una parte más. Muchas veces te sorprendería saber que el público lo pasa peor que el ponente en esas situaciones, porque se pone en la piel del ponente y sabe que es un momento de mucha angustia.

Si te queda en blanco y puedes hablar con el público, siempre puedes pedir ayuda, y que te recuerde por donde ibas. O simplemente, continuas por el párrafo siguiente, porque desde el estrés es difícil ser resolutivo.

Te animo a que practiques estos sencillos ejercicios para evitar quedarte en blanco en tu próxima charla, examen o ponencia. Si quieres seguir mejorando en tu oratoria, consulta nuestro servicio de entrenamiento en oratoria  y estaré encantada de poder ayudarte.

¿Qué haces cuando te quedas en blanco? ¿Prácticas algunas de las técnicas mencionadas para recordar el contenido de tus discursos? ¿Qué consejo compartirías con alguien que tiene miedo a quedarse en blanco? Puedes hacerlo en los comentarios.