Cómo generar confianza ante un auditorio

 

¿Alguna vez te has preguntado cómo generar confianza al hablar en público? El acto de hablar en público tiene mucho de íntimo. Se parece mucho a una primera cita. Quieres agradar y ser amable, al tiempo que te muestras firme, aunque flexible. Al principio, lo que más importa es demostrar lo que sabes, exponer los conocimientos de una manera amena y sencilla, manteniendo la profesionalidad sin resultar pedante. La imagen también es importante, la elección entre lo clásico, lo moderno o el estilo personal puede ser crucial a la hora de determinar lo cómodo o cómoda que te sientas durante tu intervención. Por eso, muchas personas se sienten más tranquila ante un público reducido que ante una audiencia más concurrida.

Todos queremos gustar, todos queremos saber cómo generar confianza y es lógico que cuantas menos personas tengamos delante más fácil nos resultará captar su atención. Pongamos que estamos hablando ante un máximo de diez personas. Hay más cercanía física, eso permite hablar en un tono medio, sin tener que alzar la voz, y mantener un ritmo pausado de respiración. Vemos los rostros de los asistentes con claridad, incluso podemos interactuar con los ellos de una manera fluida y espontánea durante nuestro discurso. En cierta medida, sentimos que tenemos la situación bajo control, lo que nos permite centrarnos en nuestra intervención, llegando a disfrutar de ese momento.

Sin embargo, cuando el número de espectadores aumenta, también lo hace nuestra ansiedad, proporcionalmente al número de butacas ocupadas en el auditorio. Lógicamente, un público reducido es mucho más asequible que una sala con aforo completo. Sin embargo, bien por tu actividad profesional, una afición personal o la boda de una amiga  hay ocasiones en las que surge la obligación o el compromiso de tener que dar una charla o leer un texto ante una audiencia lo suficientemente numerosa como para inquietarte.

Cómo generar confianza

1.- Respira durante cinco minutos antes de empezar. Fijar la atención en tu respiración te ayuda a estar en el presente y a relajarte. La respiración ocurre, simplemente se respira. No hay que esforzarse, así que puedes descansar en tu inhalación y exhalación y guardar tu energía para cuando salgas a escena.

2.-Te miran porque te ven. “Todos me miran mal”.  Tal y como dice la canción, cuando te pones delante de tus oyentes de repente te sientes como Tippi Hedren en la película Los Pájaros de Alfred Hitchcock. Sí, el público no te mira, te acecha. Te observa detenidamente a la caza del gazapo verbal, del error gramatical, de la mancha en la ropa, del tic que te da en el ojo y de todo lo que tu fantasía sea capaz de idear. Hay una cosa que es real: todos te miran, quietos y en silencio. Y lo hacen por respeto a ti, que eres quien vas a ejercer de ponente, lector o presentador de algún acto.

3.-Los juicios, en los tribunales. Una vez que te has acostumbrado a que todas las personas que hay delante de ti te miren al mismo tiempo y en silencio mientras tu estás en acción, te asaltan los pensamientos sobre lo que ellas pueden estar pensando de ti. A no ser que tengas telepatía es imposible que adivines qué pasa por sus cabezas. Así que los juicios sobre lo bien o lo mal que lo haces, lo cargante o pedante que puedas llegar a ser, lo superficial o incoherente de tu discurso es cosa tuya, solo tuya. Concéntrate en tu presente, vuelve a tu respiración y continúa con tu charla.

4.- Dirígete al público. En ocasiones, te concentras tanto  en tu discurso que te limitas a hablar o leer, tan preocupado o preocupada por no equivocarte que no levantas la mirada del papel o que la dejas perdida en el infinito  mientras mentalmente vas  hilando el mensaje. A veces es difícil fijar la vista en una persona en concreto, por la situación o las circunstancias, aunque es importante que mires al auditorio, al menos de un vistazo rápido. Eso te ayudará a crear un vínculo con los espectadores que están ahí escuchándote y tú darás cuenta de que lo que tienes delante son personas como tú.

5.- Acepta, agradece e integra los comentarios del público. Si alguno de los oyentes se te acerca y te dice que le ha encantado la charla, tu manera de hablar, lo que has contado o cómo lo has hecho: acepta y agradece. Si eres de las personas que tienden a poner el foco solo en lo mejorable, te recomienzo que hagas un esfuerzo en reconocer que también haces las cosas correctamente. Esto te ayuda a reforzar lo que ya funciona para desarrollar aquellas facetas que necesitan superarse.

Espero que estas recomendaciones te sirvan a la hora de generar confianza para hablar en público. Y recuerda que la mayoría de las veces, el público más crítico, más exigente y los jueces más incisivos somos nosotros con nosotros mismos.

¿Qué haces tú para generar confianza al hablar en público? ¿Nos lo cuentas en los comentarios?