Este curso he tenido la oportunidad de trabajar la oratoria en el aula con alumnos de segundo de Bachillerato gracias a la colaboración del AMPA y el claustro de Fuente del Rey IES Jacaranda, en Churriana. El objetivo era que los alumnos adquirieran más confianza y seguridad a la hora de hablar en público y darles herramientas y técnicas para que ellos mismos puedan acceder a esos recursos cuando ellos lo necesiten. El proyecto se ha desarrollado en tres sesiones de una hora de duración cada una, aproximadamente, en el mismo aula de cada curso.

Para ello, hemos adaptado el espacio en cada sesión de oratoria en el aula apartando las mesas y dejando el centro libre para hacer las dinámicas. Colocando las sillas en círculo alrededor del espacio liberado se consigue, además, que todos los alumnos se vean, se miren y estén en contacto visual con el resto de los compañeros. Así comienza el primer trabajo, cada individuo ocupa su lugar y al mismo tiempo está frente al grupo.

Ejercicios para romper el hielo, la meditación y la relajación han formado parte de todas las sesiones de oratoria en el aula, ya que estos permiten al alumno conectar con su estado interno desde el que le es más fácil  concentrarse en su presente, ser consciente de la realidad de ese momento y actuar en consecuencia con lo que sucede en su entorno.

¿Cómo trabajo la oratoria en el aula?

También hemos trabajado en estas sesiones de oratoria en el aula cómo sostener la mirada propia frente la mirada del otro, que no es más que sostener los pensamientos, emociones y sensaciones de uno mismo, frente a los pensamientos, emociones y sensaciones del otro. En este ejercicio, a través de la auto observación y observación del otro se consigue la gestión del estado propio, más allá de los estímulos externos, con el fin de generar una respuesta adaptada a las circunstancias, en lugar de una reacción automática consecuencia de un estrés desproporcionado, como es, en la mayoría de las ocasiones, el que genera la presencia del público.

La expresión oral la hemos trabajado en grupos pequeños y en el grupo grande. A través de ejercicios dirigidos los alumnos han tenido la oportunidad de hablar desde otro personaje, así como si fueran expertos o emulando las cualidades de otra persona, desarrollando así recursos diferentes a los habituales. Al hablar ante el grupo grande, han puesto de manifiesto su valentía al separarse del grupo para presentarse como un sujeto individual frente a su clase.

¿Qué he aprendido trabajando la oratoria en el aula?

Esta experiencia de trabajar la oratoria en el aula ha sido muy enriquecedora para mí. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de realizar un proyecto de esta naturaleza con estudiantes, es decir, trabajar habilidades de comunicación en grupo con adolescentes. Mi ventaja en este acaso ha sido que, aunque he trabajado en el contexto del aula y de un instituto, no he tenido que evaluar su trabajo.

Este hecho me ha dado la oportunidad de poner el foco en las consecuencias. En el ámbito de la comunicación, no es cuestión de aprobar o suspender, sino de tener una comunicación eficaz o no. Esto se traduce en una relación fluida en la que todos los actores son conscientes de cuales son los resultados de su modo de comunicar.

Como adolescentes a un paso de la Universidad, reivindican su derecho a ser. En este caso, hemos tenido debates muy interesantes, en los que se ha puesto sobre la mesa, entre otros temas, la libertad de expresión. La libertad de expresar lo que quieres, cómo quieres y cuando quieres. Y en donde se ha puesto de manifiesto, que la libertad de expresión va a estar enmarcada por el objetivo y las consecuencias de mi comunicación. Yo soy libre de expresarme desde mi verdad, aunque eso no quiere decir que el otro tenga que pensar, sentir o actuar conforme a mi verdad. Aquí se abre la puerta a la negociación, en la que intervienen la escucha activa, la empatía y la asertividad.

Trabajo con habilidades

Al trabajar esas habilidades, los alumnos han tenido la oportunidad de tomar conciencia de sus emociones a la hora de relacionarse con el otro. Y han tomado conciencia de la importancia que tiene saber gestionar los pensamientos y emociones propias frente al estado de la otra persona. En el ejercicio de las miradas, uno expresaba ira, asco, pena o alegría, mientras que el de en frente tenía que mantener expresión neutra o cara de póker. Poniendo la atención en su respiración, dejaban ser al otro, sin tener que reaccionar ante los cambios de estado de su compañero. A la hora de hablar en público esta capacidad de mantenerse en uno mismo les da autonomía y les permite conectar con sus recursos internos para dar lo mejor de sí, más que estar pendientes de las necesidades de los demás para cubrir expectativas.

A la hora de hablar en público hay que tener en cuenta por una parte el objetivo de la acción y por otra parte, la habilidad, porque, en más de una ocasión, lo primero va a condicionar lo segundo. Es decir, si tengo un examen oral, tengo que demostrar los conocimientos que tengo y de una manera correcta. Por una parte, hay que tener claro que una parte de la acción es lo que voy a contar y otra cómo lo voy a contar. Sabemos que en términos de comunicación es más importante lo segundo que lo primero, por eso hay estudiantes que, a pesar de tener el conocimiento necesario, esto no se ve reflejado en su calificación ya que pinchan cuando tienen que hablar en público.

Si se crea un espacio en el que el alumno pueda probar diferentes maneras de expresarse, hasta encontrar y definir su propio estilo, teniendo en cuenta la capacidad de transmitir y las consecuencias de su manera de comunicar, al margen de una evaluación, el estudiante aprende la técnica que luego puede aplicar a cualquier contexto, pudiendo priorizar, en cualquier caso, a qué prestar más atención, si al qué contar o cómo contarlo. De lo contrario, ambas partes del hecho comunicativo se funden y confunden al orador, proyectando su miedo a suspender al miedo a hablar en público.

Si se plantea el entrenamiento para hablar en público como algo divertido da pie a la experimentación y al aprendizaje a través de la vivencia, más que de la teoría. También necesaria en este caso, para conocer, sobre todo, el código en el que vamos a comunicarnos, y al que tiene que adaptarse el estilo personal. El éxito de una buena comunicación es aquella en la que emisor  y receptor están de acuerdo en sus afinidades o en sus diferencias.