HULK

El cubo de Rubik y yo somos coetáneos. Ambos celebramos este año el 40 aniversario. Nuestra infancia discurrió por caminos paralelos hasta que lo abandoné. Sí. Lo confieso. Lo nuestro era una relación imposible. Cuando yo decía rojo, el insistía en el verde. Cuando ya tenía la cara del rojo terminada, él se reía de mí por detrás mezclando piezas azules con las amarillas. Con él aprendí lo que era la ilusión por un nuevo juguete, la alegría de los colores y,una de las lecciones más importantes para mi vida, contacté con la frustración de una manera directa y sin ambajes.

Frustración es no conseguir lo que quieres. Frustración es tener una necesidad y que algo externo te impida alcanzarla. Frustración es tener que decidir entre dos opciones similares (en ventajas y desventajas) y tener la sensación de que siempre pierdes en la elección. Así que a la edad de diez años, y gracias al invento del arquitecto húngaro Ernö Rubik,  viví de pleno y en primera persona el proceso de acierto-error-error-error hasta el infinito.

¿De quién es la culpa?

Una vez que quedó claro que yo era incapaz, en ese momento, de rematar la faena y terminar el ‘cubo mágico’ con éxito: me enfadé. Mucho. De juego infantil, pasó a la categoría de instrumento de tortura psicológica. De la mochila del colegio, pasó al fondo de un cajón, junto a las cabezas de muñecas rapadas porque no les crece el pelo. Me enfadé con quien me lo regaló, con la gente que se divertía con el dichoso juguete,  con el cubo y con Rubik.

Tras el enfado, enfoqué mi frustración en mí misma, pensaba que la que estaba mal hecha era yo, no el juego. Así que me lamenté por mi falta de habilidad, por mi falta de paciencia y sabiduría y me lamenté por mis capacidades limitadas. Solo podía pensar en clave de cubo de Rubik. Pensaba que si era incapaz de resolver ese puzzle de seis caras, iba a defraudar a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, a mis profesoras, a mis compañeras, a las personas que aún no había conocido, etc. Nadie me iba a querer porque no era lo suficientemente lista: me deprimí.

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Del cubo al papel

Una vez que pasé varias veces por las fases de depresión y autocompadecimiento y agresividad y violencia, con el consiguiente mareo intrapersonal que conlleva y confusión social, decidí que al fin y al cabo, lo que yo quería era construir un cubo de Rubik con las seis caras cada una con su color correspondiente, así que me busqué una alternativa. Pasé de las tres dimensiones al papel. Y tras trazar las líneas correspondientes, me armé con seis rotuladores de colores diferentes y me dispuse a crear mi propio cubo de Rubik: sustituí.

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Ante la frustración, sustitución y acción

La frustración puede ser una energía muy poderosa si sabes reconocerla a tiempo y gestionarla. Manteniendo siempre tu foco de atención en tu objetivo, los errores se pueden convertir en trampolines o paradas estratégicas para replantearte tu acción, tus pensamientos y tus emociones.

Para ello, te cuento algunas actitudes que a mí me ayudan a superar las barreras reales e imaginarias:

  • Exprésate. Exterioriza y verbaliza tu motivo de frustración. Para no “quemar” tus recursos humanos, empieza escribiendo como te sientes, qué es lo que pasa, cómo lo vives, qué consecuencias causa. También puedes dibujarlo, bailarlo o dejarlo en la pista de pádel. Cualquier opción que te sirva para exorcizar ese pensamiento que te está machacando y que ocupa un lugar precioso en tu mente.
  • Escucha activa. Si el motivo de frustración aún está presente, pide valoración y opinión solo a personas a las que tú repetes su sabiduría y tengas la confianza de que serás capaz de escuchar sin enfadarte y sin intentar justificarte. Escucha, interioriza el mensaje de la otra persona, procesa e intenta extraer una lección o aprendizaje de lo que ha ocurrido.
  • El hecho es lo importante. Pon la atención en el hecho. Buscar un responsable o culparte a ti, te desvía de tu foco de interés. Desglosa objetivamente qué ha pasado, quién ha intervenido, cuál es tu parte de responsabilidad y las consecuencias reales. De esa manera, podrás trazar un mapa o esquema de lo que ha pasado realmente.
  • Responsabilízate de tus errores. Un error lo comete cualquiera, disfrazarlo o enmascararlo con excusas es pan para hoy y hambre para mañana. La sinceridad contigo te dará más confianza a la hora de abordar nuevas experiencias.
  • Reconoce tus dificultades. La humildad ante los demás confirma tu humanidad al tiempo que da a otros la oportunidad de aportar su experiencia y su buen hacer. El trabajo en equipo es muy poderoso. Saber gestionar alianzas o un equipo también es una habilidad.
  • Reconoce tu misión. Toma conciencia de cuál es tu misión y tu pasión y desarróllala en tu beneficio y en beneficio de la comunidad.

Tres décadas después de mi primer cubo de Rubik, me emociono cuando pienso en aquella niña que soñaba con armar todas las caras del puzzle con sus colores correspondientes. Gracias a ella aprendí que aunque no pueda completar el puzzle tal y como viene en la caja, siempre puedo buscar una alternativa que me haga feliz. Ahora coloreo mandalas. Así lo he decidido yo. Y tú, ¿qué haces cuando no puedes conseguirlo que quieres?