Que el lenguaje crea realidades es uno de los principios de la Programación Neurolingüística. De esta manera, podríamos decir algo así como: “dime qué palabras utilizas y te diré como eres”. Uno de los elementos de atención tanto en mis sesiones individuales como en las grupales es el vocabulario que utilizan mis clientes, ya que, para mí, supone un buen punto de apoyo para comenzar a transformar las creencias limitantes, los bloqueos y los motivos de consulta que los traen a Viventi.

El famoso vaso, ¿medio lleno o medio vacío?

Es curioso observarnos delante de un bebé, esforzándonos cual titanes para que el pequeño diga nuestro nombre. Recuerdo la primera vez que mi sobrino, con su media lengua, dijo mi nombre de una manera entendible. Sentí una alegría enorme, para mí eso significaba que me reconocía y que ya existía para él. Al nombrarme yo ya formaba parte de su mundo. Para él, yo ya era real. En efecto, el lenguaje crea realidades.

De alguna manera, todos somos magos que utilizamos las palabras como los prestidigitadores las cartas. Consciente o inconscientemente nos expresamos de acuerdo a nuestra manera de pensar, de sentir o de actuar. Al verbalizar o escribir nuestros pensamientos, emociones o experiencias los estamos recreando según nuestra propia interpretación de nuestra realidad.

Así, el mismo vaso que contiene la mitad de su capacidad de agua, puede estar medio lleno o medio vacío. Así  lo definas, así es tu realidad. ¿Cómo está el vaso para ti?

Si el vaso está para ti medio lleno, pones la atención en lo que hay.

Si el vaso está para ti medio vacío, pones la atención en la carencia.

El lenguaje crea realidades

¿De qué manera el lenguaje crea realidades y de qué manera creamos nuestra propia realidad a través de las palabras que elegimos para describirnos a nosotros mismos, nuestras experiencias, emociones y pensamientos?

Atención. Allí donde pones la atención, estás generando tu realidad. Es el ejemplo del vaso, puedo interpretar que tengo o que no tengo. Lo cual me va a generar una emoción de satisfacción o de frustración, y  partir de ahí ejecutaré la acción.

Vocabulario. A través del vocabulario que utilizas, la misma realidad puede ser agresiva o dócil. Hay personas para las que la vida es una lucha, lo que a mi sugiere una acción similar a una pelea insistente con lo que sucede a su alrededor.

Si la vida es una lucha, lo que no es una lucha es la muerte.

Pertenencia. También a través de las palabras señalamos nuestra pertenencia a un territorio o a un colectivo. El idioma es un código común para entendernos, y su conocimiento  me facilita la integración en el sistema. Si compartimos códigos, compartimos realidades.

Incluso, en este último supuesto, pueden ocurrir confusiones. Aún recuerdo la primera vez que en un bar en Jerez pedí para desayunar un sandwich mixto con un mitad. Creo que el camarero aún se está reponiendo de la impresión. Él no tenía ni idea de  lo que yo estaba hablando. Yo sólo quería el clásico sandwich con mantequilla, jamón cocido y queso y un café con leche. Para mí, que llegaba de Málaga, estaba claro.

Estatus social. El uso de un vocabulario culto es sinónimo de educación. Educación entendida como “tener estudios”, lo que, en nuestra sociedad, que prima lo intelectual sobre lo emocional, da cierto grado de estatus social.

La educación entendida como cortesía y urbanidad se manifiesta, además de a través del lenguaje, a través de la acción.

Tabú. Lo que no se nombra no existe o inventamos eufemismos para hacer referencia al mismo hecho. Aunque no verbalicemos, el concepto ya existe en nuestro interior, generando una reacción tal y como si se hubiera materializado. El pensamiento es la primera fase de la creación, la verbalización la segunda y la acción cierra el ciclo.

Por eso es importante expresar en voz alta pensamientos, emociones y experiencias con todas las letras. Después ya veremos cómo lo gestionamos.

Diferentes palabras para una misma realidad

Cuando te sientas bloqueado con un pensamiento, con una relación o un proyecto, intenta describir cómo lo vives de diferentes maneras, con diferentes palabras, expresiones e interpretaciones. Aunque te cueste al principio, solo es cuestión de darte tiempo. Hazlo desde la conciencia de que es un proceso y con el objetivo de querer transformar tu relación con ese hecho.

Recuerda siempre que el vaso está relleno de agua en un 50%. La cualidad de lleno o vacío se la otorgas tú.

¿Hablas de tus emociones con alguien? ¿Pones atención al vocabulario que utilizas? ¿Nombras lo que te resulta desagradable?