el mensaje de los sueños - Viventi

Si los sueños fueran más claros no sabríamos a qué llamarle realidad»
Nana Schnake

El soñante

Cada mañana -o cada tarde, para los que dormimos siesta- y, conforme vamos despertando, recibimos en diferidos dos mensajes. Uno son las imágenes, olores, sensaciones, escenas, historias o personas con las cuáles hemos soñado. Dos, aparece un filtro que hace las veces de censurador y es en ese momento cuando perdemos gran parte del contenido del sueño. Sin embargo, la información existencial queda en algún sitio, no se pierde.

Indagar en lo que soñamos, como haremos en el taller que celebraremos en Viventi el próximo 5 de julio, es recurrir a la parte más sabia de mí, es preguntarme por qué me estoy perdiendo lo que me estoy perdiendo.

De niños aprendemos a desaprobar lo que no nos gusta de nosotros y, automáticamente, lo vamos dejando en el rincón que esté lo más alejado posible de nuestro espacio de confort. Durante la noche, la censura se apaga y lo que enjuicio de mí cobra forma de sueño y susurra “escúchame, tengo algo importante que decirte”

Soñar es un acto más vivencial que onírico, el que proceda de nuestro sistema límbico no lo hace menos real porque no se trata de probar si lo que sucede es cierto o lógico si no que de descubrir qué parte de mí lo dice y para qué.

La claridad de un sueño no está en su interpretación, sino en la indagación de su mensaje. Los distintos protagonistas del sueño le están diciendo al soñante algo que tan sólo para él tiene sentido y como en los sueños todo es posible, no existen resistencia para su vivencia como sucede durante la vigilia.

La indagación que se propone es exploratoria. Entramos en tierra virgen y la precaución no puede llevarnos a evitar la aventura, sino que nos tiene que servir para ir con cuidado. Y el cuidado no es otra cosa que dejar de enjuiciarnos para poder acceder al mensaje existencial del sueño, entrar en lo que no queremos ver de nosotros porque pensamos que está mal. El cuidado, en definitiva, es coger rumbo hacia la aceptación de eso que nosotros pensamos que es defectuoso y que se manifiesta una y otra vez en nuestros sueños.

En los sueños, como en la vida, parece más fácil oponerse a las fuerzas destructoras cuando están en el interior de uno mismo , que cuando el combate se libra entre uno mismo y el mundo exterior”

E. y M. Polster

Indagar en el mensaje existencial del sueño es una de las herramientas más utilizadas para ampliar la consciencia de uno mismo pues nos permite abrir las puertas de las habitaciones que cerramos hace mucho tiempo. Y esto se da porque es precisamente el soñante quien guía la excursión y en ella va integrando e identificando las partes del sueño como propias. Esto deja al soñador con una sensación de -como dijo un paciente después de trabajar su sueño- “ limpiar la casa…que corra el aire”.

Escuchar lo que tan testarudamente nos hemos negado oír es como recibir al hijo pródigo con una cena de gala y ese hijo es una parte vital que hemos rechazado porque en nuestro carácter no cabe sentir, pensar o ser de “esa forma”. Por ejemplo, si creo tener un carácter dulce y compasivo sin darme permiso para el enfado que se genera en mí a diario, seguramente ese enfado saldrá una y otra vez en mis sueños. La imposición de mostrarme pacífica me lleva a cercenar algo que existe en mí pero que no acepto, y eso hace más daño que cualquier represión externa.

Soñar es un privilegio, es una señal que si atendemos, nos da la oportunidad de dejar de hacernos tanto daño porque mantener oculta o alienada la parte de nosotros que no toleramos, no nos permite optar a una vida de bienestar en donde la responsabilidad de ser feliz está en tener todas las cartas que me componen sobre la mesa.

Reseñas
Polster. E. y M., (2005), Terapia Guestáltica. Buenos Aires- Madrid: Amorrortu
Peñarrubia, F. (2008), Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil. Madrid: Alianza