¡Cuánta literatura han dado de sí  este par de órganos visuales! Más allá de la pupila azul de Bécquer, o el espejo del alma, como se menciona en algunas tradiciones, los ojos son un componente importante de la comunicación no verbal. Quizás por eso, existe la creencia de que si le cuento algo a alguien mirando a los ojos siempre estoy diciendo la verdad, o viceversa, es decir: lo que me dicen mirándome a los ojos es verdad. ¿Te ha pasado alguna vez que en medio de una conversación has dicho: mírame a los ojos y dime la verdad? Pero, ¿sabes cuál es el significado de no mirar a los ojos?

Hoy quiero contarte cuánto de cierto y de mito hay en esta afirmación de que para decir la verdad es necesario mirar a los ojos.

Hablar mirando a los ojos da seguridad y confianza: verdadero

Cualquier comunicación interpersonal en la que se pueda establecer contacto visual es mucho más agradable si de vez en cuando dirigimos la mirada a los ojos de quien nos escucha y al contrario sucede lo mismo, nos gusta que nos miren mientras nos hablan.

Este contacto visual es una manera de transmitir el mensaje: te veo y estoy presente.

No mires a los ojos de la gente, son malos, siempre mienten: falso

Este estribillo de finales de los noventa cantado por Golpes Bajos, y bailado por esta que escribe en alguna ocasión, tampoco es del todo cierto. Entiendo que los artistas se pueden permitir licencias a la hora de crear, y son eso, licencias creativas que no siempre son del todo ciertas. Los ojos no mienten siempre, siempre, siempre…solo a veces.

En cualquier caso, quien miente es la persona en su totalidad y en los ojos podemos detectar las incongruencias entre su discurso verbal y su diálogo interno, tal y como se explica en los accesos oculares de PNL.

Mírame a los ojos y dime la verdad: falso

Cuídate de decirle esto a alguien, porque te arriesgas a tragar sin digerir todo lo que venga después. Y cuídate de mantener la mirada fija en los ojos de quien te escucha cuando quieras decir algo importante. En ocasiones, mantener la mirada fija en los ojos de alguien puede resultar más amenazante que convincente.

La  mirada directa a los ojos es difícil de mantener cuando estamos hablando en público o en privado, porque el movimiento de ojos es una manifestación externa del proceso neurológico que sucede en nuestro cerebro mientras hablamos.

El significado de no mirar a los ojos

Hace poco, dos clientes que preparan en Viventi sus intervenciones en un juicio mencionaron que les habían recomendado que cuando respondieran a las preguntas del tribunal les miraran a los ojos para imprimir veracidad a sus declaraciones. Y esto nos hizo plantearnos la siguiente pregunta: ¿hasta que punto quien me mira a los ojos mientras me habla me está diciendo toda la verdad y nada más que la verdad?

Si quieres saber que le pasa a tus ojos mientras hablas te invito a que participes de esta experiencia. Vamos a ir paso por paso.

  1. Toma 1. Grábate: Lo primero que te propongo es que te grabes un pequeño vídeo contando una experiencia que te haya resultado agradable. De dos a cuatro minutos. Recuerda lo que pasó, déjate llevar por las imágenes, sonidos o sensaciones que vayan surgiendo mientras hablas. Mientras lo haces: mantén la mirada fija en el objetivo del dispositivo con el que estás grabando. 

Revisa la grabación: ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido la experiencia de contar la historia?

2. Toma 2. Grábate. Esta vez cuenta la misma anécdota y deja que los ojos hagan su trabajo.

Revisa la grabación: ¿Qué ha pasado?¿Cómo ha sido la experiencia de contar la historia?

3. Tercera y última toma. Grábate. Ahora vas a contar la misma historia y cuando llegues a algún momento importante lo vas a contar mirando fijamente al objetivo del dispositivo con el que estés grabando.

Revisa la grabación: ¿Qué ha pasado?¿Cómo ha sido la experiencia de contar la historia en el momento de antes y después de contar el momento importante?

Ya has podido comprobar en primera persona que los ojos también participan en el proceso de verbalización de las experiencias. Es decir, en tu comunicación. En realidad, lo que hacen es seguir el camino neuronal de acceso a la información, a los datos. A los recuerdos, a la zona creativa, al mundo de las ideas, de las sensaciones, el diálogo interno o las emociones. Por eso, es muy difícil dejar la mirada fija a los ojos de otra persona cuando se está contando una experiencia vivida en primera persona, porque el acceso a la información grabada en nuestro cerebro necesita del movimiento ocular.

Así que la próxima vez que alguien te diga: mírame a los ojos y dime la verdad. Contéstale a lo machadiano:

¿Tú verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

Me encantaría que compartieras las conclusiones de tu experiencia en esta página. Y si te ha picado el gusanillo y quieres saber más sobre accesos oculares o Programación Neuro Lingüística seguir este enlace.