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Todos hemos visto más de una vez la imagen del burro detrás de la zanahoria, esa zanahoria que lleva de forma perenne delante y que le hace seguir en marcha. Yo cada vez que veo esa imagen siento pena por el burro que no se da cuenta de que jamás atrapará la zanahoria. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta? Con lo listo que son los bichos… Pues no, ahí sigue erre que erre.

Lo que jamás se me ocurrió pensar es que yo era tan burra como el burro y que también necesitaba tener una zanahoria ahí delante que me hiciera seguir la marcha o, lo que es lo mismo, tener un objetivo que me permita seguir levantándome cada día. Eso sí, mi gran consuelo ha sido descubrir que no soy la única: muchos de las personas que hacen coaching conmigo padecen este síndrome y, me atrevería a asegurar, que muchos de los que andáis leyendo este post estáis también aquejados por él.

Ante todo tranquilidad, porque es algo normal y no es preocupante. Cuando se convierte en preocupante es en el momento que el anhelo del futuro puede más que vivir en el presente. ¿Cuáles son los síntomas que se pueden calificar de preocupantes? Uno es pensar que el día a día no merece la pena, que esto de vivir es una putada y que en un futuro sí que todo estará bien. Eso es postergar, aplazar la vida, se podría decir y tener ese estilo de pensamiento puede llevarnos a instalarnos en la ansiedad.

El único futuro que existe es el aquí y el ahora y sólo en el aquí y en el ahora podemos ser felices. Lo demás son castillos en el aire, ilusiones, proyectos, posibilidades. La única certeza es que ahora estamos vivos, siendo quienes somos, trabajando en lo que trabajamos y estando rodeados de quienes estamos. Con esto no quiero decir que no se piense en el futuro, ni mucho  menos.

Es positivo planificar, tener proyectos, sueños, metas, pero la manera de alcanzarlos es viviendo el presente de forma plena. Ya, ya sé que no es una tarea fácil. Cuando acompaño en un proceso de coaching a alguien aquejado de este mal, intento que adquiera plena conciencia del momento presente y que actúe desde ahí. Lawww.gaetanehermans.org es una gran ayuda para lograr este objetivo.

En mi proceso personal yo he vivido ese cambio en mis propias carnes. Antes, cuando quería algo, era como una lancha fuera borda que iba por eso sin tener conciencia de cuál era el camino que iba recorriendo. En mi punto de mira sólo estaba eso que deseaba y lo demás era accesorio. Ahora, gracias sobre todo a la meditación y a que me conozco mucho mejor, me siento más como un velero que va jugando con el viento hasta llegar al puerto al que había puesto rumbo. En ese velero sí es posible disfrutar de  los amaneceres en el mar, de la brisa que te llena la cara de salitre, de los compañeros de viaje e incluso de los días de calma chicha en los que el velero no se mueve.

Pregunta poderosa

«¿Disfruto de mi camino cuando voy por un objetivo?»