Escucha activa y liderazgo van de la mano. Del líder se dice que es una persona que influye en la forma de ser de las personas y en sus acciones. Ejercer de líder es algo más que mandar, dictar órdenes o seguir paso a paso el plan de acción. La relación del líder con su equipo es más rica cuando es bidireccional. La relación de un líder con su equipo es más equilibrada cuando además de decretar, un líder escucha a su gente. La escucha activa en el liderazgo es una de las herramientas que ayuda tener una visión de conjunto. La escucha activa en el liderazgo fomenta la participación, el intercambio de opiniones y experiencias que hacen crecer al grupo de una forma sostenible y atendiendo a las necesidades endógenas y exógenas al modelo de la organización.

¿Qué pasa cuando no se ejerce la escucha activa en el liderazgo?

Aunque hablemos el mismo idioma, no siempre pensamos igual. Cuando lideras tu propio proyecto, conoces la idea desde todas sus perspectivas, le has dado mil vueltas, la has comparado, la has evolucionado, se te ha estancado y la has desarrollado. En tu cabeza tienes interiorizado los 360º de tu modelo, te sientes seguro con él y sabes cómo ejecutarlo. Ahí hay escucha activa y liderazgo.

Sin embargo, tu equipo solo conoce de tu proyecto lo que tú le transmites. Y en ocasiones, como líder, das por supuesto algunos aspectos de las tareas que tu equipo no los tiene tan asociados , y ahí comienzan las diferencias de planteamiento que acaban con errores de ejecución.

Esto puede suceder ocasionalmente, y son situaciones que quedan en el anecdotario empresarial.

Sin embargo, cuando estos errores de comunicación se convierten en una constante, afecta no solo a la calidad del trabajo sino a las relaciones personales.

Lo que para ti puede ser algo obvio para el negocio, para tu plantilla puede ser un quehacer rutinario y la importancia de esa labor radica en que eres tú quien dice que hay que hacerla. En estos casos, el cometido se aborda desde la obediencia (o no) a la autoridad, sin interés por las consecuencias que se derivan de su labor.

Cuando no se ejerce la escucha activa se dan algunos principios por supuestos y se omite información, obvia para el o la líder, aunque no tan obvia para el trabajador o trabajadora.

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Cómo ejercer la escucha activa

La escucha activa atiende a todo el proceso de la comunicación. No solo a las palabras, también al estado de ánimo, a la expresión del rostro de quienes participan en la conversación, a las interrupciones, distracciones y silencios.

La escucha activa implica informar y preguntar. Informar de las instrucciones y preguntar qué ha pasado para que no se sigan las instrucciones.

La escucha activa implica observar y preguntar. Observar la expresión de su rostro y la actitud corporal del oyente cuando recibe las instrucciones y preguntar si existe alguna razón que le impida ejecutar esa tarea tal y como se le ha pedido.

La escucha activa implica apertura y firmeza. Apertura para escuchar las razones, los motivos o justificaciones que te dan para no realizar la tarea tal y como se las pedido y firmeza para explicar la importancia que tiene esa misión en el desarrollo del conjunto del proyecto.

La escucha activa implica flexibilidad y confianza. Flexibilidad para escuchar soluciones o alternativas que pueden surgir de tu equipo para solucionar la situación que te preocupa y confianza para incorporar criterios ajenos a ti en tu proyecto.

La escucha activa implica reflexión y acción. Para la reflexión es necesario tiempo. Tiempo y espacio. Es necesario el descanso del guerrero o la guerrera para poder contemplar la escena desde otra perspectiva, desde otra implicación, desde otro marco. Desde el desapego que da la distancia, es más fácil que surjan ideas creativas que ayuden a superar el bloqueo en la relación con tu equipo.

¿Qué dificultades reincidentes tienes con tu equipo?¿Cómo le transmites la importancia que tienen las tareas para el crecimiento de la organización?¿Qué haces para solucionar los problemas de comunicación?