¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu estilo de comunicación bajo estrés? Todos tenemos un estilo de comunicación predominante cuando estamos estresados, tal y como descubrió la terapeuta Virginia Satir. Virginia Satir, reconocida mundialmente por sus ideas innovadoras sobre la comunicación y la autoestima, identificó cuatro tipos de o roles de comunicación de las personas que suelen adoptar en momentos de presión, ansiedad o estrés. Cada uno de estos roles se caracteriza por una determinada postura corporal, conjunto de gestos, sensaciones acompañantes y sintaxis.

Estilo de comunicación acusador

Palabras: Disienten. “Jamás haces nada bien” “¿Qué es lo que te pasa?” Las personas que usan más este estilo de comunicación emplean las expresiones todos, cualquiera, cada vez…

Voz: Áspera, tensa y con frecuencia chillona y estrepitosa.

Cuerpo: Acusa. “Yo soy el que  manda aquí”. La presión sanguínea alta.

Estado interno: Me siento solo y fracasado.

Descripción: Siempre busca la falta. Es un dictador, un amo. Actúa como un ser superior y parece estar diciendo: “Si no fuera por ti, todo marcharía bien”. La recriminación constante exige que sea lo más gritón y tiránico que pueda, que rebaje a todos y a todo. Apunta acusadoramente con el dedo índice e inicia sus frases con “Nunca haces esto o siempre haces aquello”. O “por qué tu siempre” o “por qué tú nunca”. No se preocupa de la respuesta. Respira de forma entrecortada o retiene por completo el aliento debido a que los músculos de la garganta se encuentran en tensión. Su cara está crispada, los labios torcidos, las fosas nasales se ensanchan a medida que vocifera mientras censura e insulta.

Estilo de comunicación conciliador

Palabras: Asentimiento. “Lo que usted quiera está bien. Estoy aquí para complacerlo”. Empleo de los adverbios sí, solamente, apenas, siquiera… Utilización de modo subjuntivo de los verbos: pudiera, quisiera, hiciera…

Voz: Lastimera y destemplada.

Cuerpo: Concilia.

Estado interno: “No soy nada” “No valgo nada” “No soy capaz”

Descripción: La persona conciliadora habla siempre en un tono obsequioso, tratando de agradar, disculpándose, sin disentir jamás, no importa de lo que se trate. Habla como si no pudiera hacer nada por sí mismo y busca la aprobación de alguien. Le debe gratitud a todo el mundo y es responsable de todo lo que resulte mal. Naturalmente que aceptará cualquier crítica que se le haga. Por supuesto que agradece el hecho de que alguien le dirija la palabra, sin tomar en cuenta qué le dice ni la forma en que se lo dice. No osaría pedir nada para sí. Conducta empalagosa, sufrida y servil. Su actitud corporal también es apaciguadora.

Estilo de comunicación ordenador

Palabras: Ultra razonables. “Si uno observara cuidadosamente, podría notar las manos gastadas por el trabajo de alguien aquí presente”. Suprime el sujeto de los verbos activos tales como: yo veo-puede verse o el objeto de los verbos cuando éstos son reflexivos como en: me molesta por es molesto. Empleo de sustantivo sin índices referenciales: eso, uno, gente, etcétera. Empleo de nominalizaciones: frustración, esfuerzo, tensión, etcétera.

Voz: Inexpresiva y monótona.

Cuerpo: Inmóvil. De pies a cabeza carece de sensaciones. Computa. “Estoy calmado, sereno y tranquilo”.

Estado interno: “Me siento vulnerable” “Pronuncie las palabras correctas: no demuestre  ningún sentimiento, no reaccione”.

Descripción: Es híper razonador, muy correcto y razonable; no manifiesta ningún sentimiento. Es calmado, muy tranquilo. Se le podría comparar con un diccionario. El cuerpo se siente seco, frecuentemente frío y disociado. La voz es desabrida y monótona y las palabras tienden a ser abstractas. De cualquier modo nadie lo escuchará después del primer párrafo. Mantiene toda su persona tan inmóvil como el sea posible, incluyendo sus labios. Su mente está concentrada en elegir las palabras adecuadas. No debe equivocarse jamás. Utiliza las palabras más rebuscadas aunque no esté muy seguro de su significado. Esto al menos le hace parecer inteligente. Lo triste de este papel consiste en que para muchas personas representa una meta ideal.

Estilo de comunicación distractor

Palabras: Improcedentes. “Las palabras no tienen sentido”. La sintaxis es una rápida variación de los patrones sintácticos descritos anteriormente.

Voz: Cantarina, a menudo en desacuerdo tonal con las palabras.

Cuerpo: Anguloso y distorsionado.

Estado interno: “Nadie me toma en cuenta”. “No hay sitio para mí”. Soledad y falta de objetivos.

Descripción: Cualquier cosa que diga o haga el irrelevante resulta extemporánea con respecto a lo que la otra persona está diciendo o haciendo. Jamás corresponde a la ocasión. Su sensación interna es de vértigo. Es una especie de peonza desequilibrada, girando siempre, pero sin que se sepa hacia dónde va y sin darse cuenta de cuándo llega. Está demasiado ocupado moviendo los labios, el cuerpo, los brazos y las piernas que nunca están de acuerdo con sus palabras. Ignora las preguntas de todo el mundo, pero tal vez responda con alguna propia sobre un tema diferente. Quita del traje de alguien una pelusa imaginaria, desata los cordones de los zapatos y así por el estilo. Su cuerpo se mueve en diferentes direcciones mientras junta las rodillas de forma exagerada. Esto hace que sus caderas sobresalgan y le facilita hundir los hombros haciendo que sus brazos y manos se muevan en direcciones opuestas.

Estilo de comunicación congruente

“La congruencia invita a la congruencia”. Fritz Perls.

La congruencia es esa sensación de coherencia, veracidad, certidumbre y sinceridad que nos proporciona la aceptación de nosotros mismos. Es la capacidad de ser libre y profundamente uno mismo. La aceptación es la clave de la congruencia. Una persona congruente está conectada con sus propias emociones. Sabe expresar libremente sus deseos, ideas, sentimientos y necesidades. Ser congruente implica:

  • Tener presente a sí mismo y al otro
  • Una expresión verbal y  no verbal, palabras-cuerpo, consciente-inconsciente, coherentes.
  • Flexibilidad de pensamiento y acción.
  • Autoestima propia y respeto por el otro.
  • Un actitud “yo soy importante”-”tú eres importante”
  • Una comunicación precisa, creativa y afectuosa con uno mismo y con los demás.