La escucha activa es a la comunicación oral lo que la lectura comprensiva al lenguaje escrito. Esto último se practica en las escuelas, sin embargo la escucha activa se da por supuesta. En la sociedad, en general, existe especial interés en que los niños entiendan cuanto antes lo que se les dice para que se integren en el protocolo cotidiano de deberes y haberes. Después se insiste en que aprendan a leer para acumular conocimiento lo antes posible. Sin embargo, no recuerdo que en el colegio me enseñaran a escuchar con el mismo interés, ni con el mismo nivel de comprensión que la lectura. Y tan importante es saber leer la letra pequeña, como saber percibir e interpretar el lenguaje verbal y no verbal del emisor.

La escucha activa es una actitud necesaria en nuestra vida porque es un modo de estar presente en una relación, ser participativa y contribuir al desarrollo propio y de nuestro entorno. Como coach, terapeuta, docente y líder de equipos, te permite prestar atención a todos los factores que intervienen en el proceso comunicativo y en uno mismo te permite responder con atención , comprensión y coherencia.

La práctica de la escucha activa te facilita discriminar entre sonido útil y ruido. Evitando así muchas confusiones y conflictos originados por presuposiciones erróneas y, con ellas, dificultades para la negociación. Basada en el trabajo del psicólogo humanista Carl Rogers, implica una actitud mental, corporal y emocional para que seas capaz de comprender el mensaje de tu emisor atendiendo, además de a sus palabras, a sus tonos de voz, sus gestos, sus miradas o su respiración y, de esa manera, poder dar sentido a la totalidad de su comunicación.

A continuación te paso algunas actitudes y comportamientos que pueden confundirse con la escucha activa, aunque en realidad son sucedáneos de la misma.

 

¿Qué no es escucha activa?

La escucha activa no es estar activa o activo mientras escuchas.  Parece una perogrullada, aunque creo que es importante señalarlo. En ocasiones, llevamos la proactividad a todos los ámbitos, aunque reste eficacia a los resultados. Por ejemplo, hablar con alguien, aunque sea por teléfono, es en sí mismo una actividad, por lo que cualquier otra acción te obliga a diversificar tu concentración, por ejemplo, entre escribir un whatsapp organizando la barbacoa del viernes, la conversación vía teléfono fijo con tu madre para organizar a los niños y el correo que le escribes a tu jefe para cambiar el turno del sábado. Un cruce de palabras mal dirigido puede resultar fatal. Así que los diálogos de uno en uno y evitas confusiones.

La escucha activa no es activar a tu emisor. En ocasiones, estamos escuchando y diciendo en voz alta nuestra opinión o la solución a lo que nos están contando, increpando y retando al otro a salir de lo que, desde fuera consideramos su zona de confort o “malo conocido”. Hay veces el otro simplemente necesita que estés presente, porque necesita decir en voz alta una serie de pensamientos o emociones, para verbalizar su diálogo interno y escucharse con su propia voz. Hasta que no te pida la solución: escucha.

La escucha activa también significa silencio. Hay que dejar que nuestro emisor termine la frase. Es importante dejarle expresarse hasta el final, de lo contrario estaremos coartando su locución, quitando importancia a su mensaje y poniendo el nuestro por encima.

La escucha activa no es seguir tres conversaciones al mismo tiempo. Si eres de las personas que tienen la capacidad de dialogar con una persona, mientras oyes lo que relatan el resto de contertulios de la mesa y estás pendiente de si el camarero ha ordenado  la comanda en la barra, te doy mi más sincera enhorabuena, aunque dudo de que puedas atender como se merece a tu interlocutor. Céntrate en la charla que más te interese y participa en ella con todo tu ser y disfrútala.

¿Cómo ejercer la escucha activa?

Para ejercer la escucha activa lo primero es querer hacerlo. Si estás inmerso en un proceso de desarrollo personal o profesional sabes de lo que hablo, si no, es importante que hagas un acto de voluntad y pongas la intención en transformar ciertos patrones de comportamiento adquiridos. Que no son ni buenos ni malos, simplemente se han quedado obsoletos.

Pon atención al diálogo interno. Quizás te parezca una contradicción, aunque es necesario que prestes atención a tu diálogo interno cuando estás conversando con alguien. Toma conciencia de qué es lo que estás pensando: ¿es un juicio?, ¿un consejo?, ¿un “eso-no-es-nada-en-comparación-con-lo-que-me-ha-pasado-a-mí”? Si no lo tienes claro, se honesto u honesta y di simplemente que no lo tienes claro o no digas nada.

Realiza preguntas abiertas. Dice el refrán que “consejos doy que para mí no tengo”. Pues eso. Antes de instruir a tu acompañante con tu sabiduría y experiencia, que sin duda es muy rica aunque personal e intransferible, hazle preguntas del tipo ¿cómo es…?, ¿para qué quieres eso?, ¿qué pasaría si…? Le ayudarás a cambiar el punto de vista de su situación y a salir de su bucle de pensamiento.

Responsabilízate de tus opiniones y tu experiencia. Cuando aportes una opinión o experiencia propia, aclara que es tu opinión personal o cómo tú viviste un estado similar y se lo aportas como una opción más.

El no verbal también es lenguaje. Observa a la persona que está hablando: su rostro, su posición corporal, el espacio que ocupa, los gestos, el tono de su voz, el volumen, la velocidad con la que se expresa o dónde dirige la mirada. Todos esos factores son importantes y te revelerán otros aspectos más allá del lenguaje verbal.

¿Para qué practicar la escucha activa?

En un entorno de acompañamiento didáctico o de crecimiento personal o profesional, como coach, terapeuta, psicólogo, docente o, incluso, si lideras equipos, la puesta en práctica de la escucha activa puede mejorar tanto los resultados del proyecto, como las relaciones entre los participantes en la conversación o en la organización.

Piensa en la escucha activa como la grasa que permite que la bisagra gire con suavidad, permitiendo, así, el movimiento fluido  y sutil de la puerta. No sé si has intentado abrir una puerta con los goznes oxidados…

Te decía al principio que la escucha activa es cuestión de actitud. Hay quien tiene facilidad para ella y hay quien tiene que poner atención para entrenarla.

Al coach y a las personas que nos dedicamos a trabajar para el desarrollo personal y profesional, la escucha activa se nos supone. Sin embargo, existen ocasiones en las que el bloqueo o la dificultad del cliente nos resulta cercana, familiar, o incluso,  resuena en un escollo propio: ¿Qué hacer en estos casos?

¿Qué hacer cuando no puedo escuchar activamente?

Si como coach o el terapeuta, en momentos concretos o con asuntos específicos, tienes dificultades para ponerse en modo escucha activa, es necesario abrir un espacio de supervisión personal y profesional para entender qué esta pasando para que no puedas poner al servicio de tu cliente o coachee todos tus recursos. Esto también nos pasa y es una buena oportunidad para seguir eliminando capas de la cebolla del carácter que nos impide conectar con nuestra esencia.

La formación continua y profundizar en el autoconocimiento te facilita el poner tus recursos al día y fortalecer aquellos aspectos propios que tienes más olvidados.

escucha activa

¿Cuáles son los aspectos que nos pueden impedir activar la escucha activa como coach o terapeuta?

Existen varios factores que nos pueden impedir estar al servicio completamente: las creencias personales y los valores, son algunos de ellos.

Las creencias y los valores van a conformar nuestra identidad. Las creencias y valores son una serie de supuestos sobre los que nos desarrollamos y sobre los que construimos nuestra manera de estar en el mundo. Son personales e intransferibles. En ocasiones, rígidos e inamovibles. ¿Cómo pueden interferir mis propios valores en un proceso de coaching? Por ejemplo, si un valor principal mío es la puntualidad y para mi cliente ese es un valor secundario y siempre llega tarde a las sesiones, lo más probable es que yo comience las sesiones con la cara cambiada. Nuestras conductas son una manifestación visible de nuestros valores y creencias, de ahí el dicho: obras son amores y no buenas razones.

En este caso, yo tendría que supervisarme qué me pasa a mí con la puntualidad en general: ¿yo soy siempre, siempre, siempre puntual?, ¿qué pasa cuando yo soy impuntual?; y, con la impuntualidad en particular de mi cliente o de determinados clientes.

En Viventi, desarrollamos acciones específicas para que explores desde la teoría y la práctica cuáles son tus creencias y valores de referencia, cómo los pones en acción en tu día a día y cómo los proyectas en tu desempeño profesional.

Estos eventos son nuestras formaciones, espacio de supervisión, prácticas y tallers abiertos.

Las formaciones están avaladas  y reconocidas por las entidades correspondientes en Coaching integrativo, PNL y Coaching Wingave. Estos tres cursos con vivenciales y están enfocados a la puesta a punto de recursos y habilidades concretas necesarias para abordar un proceso de coaching. La escucha activa es una de ellas.

 

El espacio de supervisión está abierto a toda coach o terapeuta que quiera mantener un contacto directo con profesionales del sector y mantener una revisión mensual de casos concretos.

Prácticas: prácticas de PNL y Coaching wingwave, para aquellas personas que están formadas de primer o segundo año y quieren mantener activa la práctica de sus conocimientos.

Talleres abiertos: los talleres son eventos de dos horas a una jornada de duración, abiertos a cualquier persona interesada en la mejora del autoconocimiento, comunicación o cambio y no quiera hacer una formación concreta.

 

Si estás interesada en alguna de nuestras actividades, puedes ponerte en contacto con Viventi en info@viventi.es

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