Este artículo se titula ‘La importancia de hablar en primera persona’ aunque también se podría haber titulado ‘Porqué el mea culpa de Rubalcaba no me ha resultado convincente’. Hablo de Rubalcaba no porque me caiga bien  o mal, sino porque ayer escuché toda su rueda de prensa de despedida en directo y hay algo de la misma que me resultó muy llamativo y que me va servir de anillo al dedo para explicar porqué a veces nos es tan difícil hablar en primera persona y porqué es algo que debe formar parte de un proceso de coaching o de terapia el hacer que el cliente o el paciente nos hable en primera persona.

Rubalcaba estuvo durante toda la primera parte de la rueda de prensa que dio ayer a mediodía para decir que se marchaba hablando sobe el ‘secretario general del PSOE’. Usaba la tercera persona. Hasta tal punto fue la cosa que al escucharlo empecé a dudar si él era el secretario general o no. En ningún momento durante esa primera parte habló en primera persona, siempre se escudó en ese impersonal ‘secretario general‘.

Había pasado ya un buen rato cuando, a preguntas de los periodistas, dijo la frase que hoy recoge toda la prensa: “La responsabilidad del muy mal resultado electoral es mía, mía y mía y así asumo mi responsabilidad. Con un resultado como éste, algo no hemos hecho bien. Aquí hay un problema de responsabilidad política de un resultado malo sin paliativos; una responsabilidad que hay que asumir. Y esa responsabilidad la asume la dirección y la asumo yo”. Ahí sí que queda claro de quien es la culpa, ¿verdad?

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¿Qué diferencia hay entre el impersonal ‘secretario general’ y esa frase de entonación de un ‘mea culpa’? Cuando habla del secretario general se disocia, es como si fueran dos, como si hubiera una persona que está hablando y otra que es secretario general. Ahí pone distancias entre uno y otro, se distancia y, de alguna medida, deja de vivir como algo real el que él sea el secretario general.

Sin embargo, cuando dice que la responsabilidad del resultado electoral es “mía, mía y mía” sí que hay una implicación directa. Habla en primera persona y ahí sí que suena a realidad. Es igual que cuando un niño hace alguna trastada, lo pone fuera y, por ejemplo, dice “el niño se ha portado mal” cuando en realidad está hablando de él. La dificultad está en decir “yo me he portado mal”.

Cuando tengo clientes de coaching a los que les cuesta trabajo hablar en primera persona detrás hay una dificultad a asumir su realidad, quienes son, lo que desean y lo que los mueve. Asumir esas esas realidades significa asumir una responsabilidad y no siempre estamos preparados a asumir esa responsabilidad que tenemos en nuestra vida, es más cómodo ponerla fuera porque así no es necesario que nos impliquemos.

Igual sucede en los talleres de comunicación eficaz, de coaching y de desarrollo personal y profesional que imparto con Viventi: intento que siempre cuando alguien participa y aporta algo hable en primera persona. Si os fijáis, cuando alguien habla dentro de un grupo, es muy  normal que una visión que es propia de esa persona la haga de todo el grupo. Frases como “todos tenemos el mismo problema” o “pensamos que” suelen estar a la orden del día. Sin embargo, detrás de ese plural mayestático, al igual que sucede con el hecho de hablar en primera persona, hay una dificultad a mostrarse, a decir ‘yo pienso esto’.

Hablar en tercera persona y en plural es vivir disociado, asumir como propia la primera persona es vivir asociado con quien soy, con lo que quiero, con lo que deseo y con la responsabilidad que tengo sobre mi vida. Un buen ejercicio es poner ahí la atención y darse cuenta de cómo el lenguaje es un fiel reflejo de la representación interna que me hago de la vida.

¿Y tú, cómo hablas? ¿En primera persona o te es más cómodo hacerlo en tercera persona o usar ese plural mayestático?