Imagínate que acudes a una entrevista de trabajo que es para ti. Todo parece jugar a tu favor. La entrevista transcurre viento en popa hasta que en el horizonte comienza a ensombrecerse y se levanta un viento que no augura nada bueno. La travesía comienza a complicarse. Justo en frente de ti acaba de desatarse una tormenta: en este puesto hay que hablar en público. El barco zozobra. Por ello en en este post te cuento cuáles son las tres claves principales para hablar bien en público.

Esta situación es ficticia, aunque está inspirada en los motivos por los que empresarias y profesionales acuden a Viventi a realizar un proceso de entrenamiento en oratoria. Hay personas que rechazan o que posponen oportunidades de desarrollo personal o profesional, solo porque no quieren enfrentarse a esta situación, cuando se puede superar siguiendo unas sencillas pautas que ayudan a ir tomando confianza, desde el pensamiento de tener que hablar en público hasta el momento de puesta en escena.

Si la idea de tener que hablar en público te provoca risa nerviosa, ansiedad o te quita el sueño, presta atención a estas recomendaciones, porque te pueden ayudar a reducir estos síntomas.

Tres claves para hablar bien en públicoPara ello, hoy vamos a prestar atención a tres aspectos importantes a la hora de hablar en público:

  • El discurso.
  • La voz.
  • El cuerpo.

1. El discurso

Vamos a comenzar con estas tres claves para hablar bien en público preparando el texto, el discurso, lo que vamos a contar. Continuando con la metáfora de la navegación, diremos que vamos a trazar el rumbo de nuestro recorrido. En todo rumbo hay un punto de partida y un destino, entre ambos, un camino que trazamos teniendo en cuenta enclaves por lo que queremos pasar porque nos gustan, porque nos resulta fácil su tránsito o porque la empresa lo exige.

En el caso de un discurso, estamos hablando de introducción y conclusión, y de una serie de asuntos en nuestro contenido cuya presencia es obligatoria y que marcan el desarrollo y el ritmo del mismo.

Así, que antes de levar anclas, recuerda:

Guión. Esboza un guión simple de tu discurso, en el que marques las partes del mismo y los conceptos, palabras o frases clave que te ayuden a recordar el orden de tu ponencia fácilmente.
Lenguaje. Adapta el lenguaje a tu audiencia. Si no puedes conocer de antemano quién va a asistir a tu charla, lo mejor es que utilices un estilo sencillo y ameno. Utiliza los sistemas de representación de PNL, te facilita las explicaciones y te garantiza que llegarás a la mayoría del público.
Apoyo. Si utilizas algún recurso como proyección, sonido o cualquier otro equipo técnico, asegúrate de que funcionan. Revisa su funcionamiento antes de empezar. Todos los medios que utilices forman parte de tu puesta en escena.

2. Voz

Tu voz es el sonido a través del que te vas a comunicar con tu audiencia. Cuanto más clara, concreta y limpia es la proyección y tu pronunciación, mejor te entiende el público. La voz, como si del viento en las velas se tratara, te proyecta más allá del escenario, llevando tu mensaje tal y como tú lo emites.

Con tu voz marcas el ritmo, la intensidad y el tono de tu mensaje.

Proyección de la voz. Si lo que quieres es que el público se interese por lo que cuentas, vas a tener que asegurarte de que te escuchen.
En el caso de que no haya equipamiento técnico, puedes preguntar a los asistentes antes de empezar y a ti también te sirve de calentamiento para lo que viene después. Así que puedes mirar al final de la sala y preguntar si se te escucha por el fondo.
Si hay equipamiento técnico, recuerda probarlo previamente. Y toma nota de que lo altavoces solo amplifican tu voz, el volumen, la modulación y el ritmo se lo das tú.

Pronunciación. No por mucho gritar se nos entiende mejor. El discurso está formado por frases de palabras compuestas por letras. Cada letra tiene su propio fonema. Una dicción clara y limpia facilita la comprensión de la conferencia, la charla o el mitin.

Modulación. La modulación de la voz da expresividad al mensaje y te ayuda a generar la atmósfera que tú desees. A través del ritmo, la entonación o el volumen puedes crear un ambiente distendido, serio, de suspense o llamar a la acción, por ejemplo.

3. Cuerpo

Tu cuerpo también comunica, tu mirada, el movimiento de tus brazos y tus manos. Si quieres que tu charla tenga un valor añadido, incluye el lenguaje del cuerpo. Lo ideal es que tus movimientos estén coordinados con el contenido de tu mensaje, en una coreografía natural y fluida. Cuando trazamos la travesía de nuestra navegación, también tenemos que tener en cuenta los medios que tenemos para llegar allí. No es lo mismo atravesar el Atlántico en un velero que en una lancha neumática. En el caso de nuestros discursos, nuestro cuerpo acompaña la intención de nuestras palabras. Si no, parecemos barcos a la deriva en mitad de la calma chicha o de una tempestad.

Brazos y manos. ¿Y qué hacer con las manos cuando estás delante del público? Utilizarlas. Las manos también forman parte de tu puesta en escena y te sirven para señalar, enfatizar y describir partes de tu mensaje. Si el discurso es dinámico, tu cuerpo también tiene que ser dinámico, de lo contrario, estás transmitiendo información incoherente, y ante la duda, el espectador siempre se va a fiar más del lenguaje corporal que del lenguaje verbal.
Si no sabes qué hacer con ellas, siempre puedes utilizar el recurso de llevar algo como un boli, las fichas del guión, el puntero del proyector…

Posición corporal. Presta atención a tu postura en relación al público y en relación a otros elementos (proyección, música…) si los hubiera. Presta atención a la posición de tus piernas: cuidado con cruzarlas. Cuidado con apoyarte sobre un solo pie o adoptar una postura extraña de la que no eres consciente hasta que te ves en el vídeo.

Vestimenta. Elegir qué ponerte también tiene su espacio cuando te preparas el momento de hablar en público. Es importante que estés cómodo o cómoda. Es muy desagradable hablar en público, mientras estás pendiente de la chaqueta, del nudo de la corbata, de la blusa o de si aprietan o se te caen los pantalones. Todo eso es ruido en tu comunicación. Y a veces, por querer dar una buena imagen al final lo que hacemos es causar una incomodidad. Evita un vestuario que te moleste o te pueda resultar desagradable en algún momento de tu puesta en escena.

Entrenamiento

La práctica de estas recomendaciones te permitirá vivir el acto de hablar en público de otra manera. Entrena la puesta en escena. Lo puedes hacer en casa, delante del espejo o grabándote. Aprende a observarte desde un punto de vista didáctico y constructivo. Aprende a diagnosticar tu fortalezas y debilidades internas dentro de un contexto con sus oportunidades y amenazas. Aprende a distinguir hasta dónde puedes poner tú de tu parte para que todo salga y bien y confía en tu talento, en tu capacidad y tu habilidad. Solo haciéndolo y revisándote podrás comprobar cómo lo haces.

Y recuerda:
Cuando trabajas el discurso previamente, vas más tranquilo o tranquila en relación al contenido.
Cuando proyectas tu voz con firmeza, claridad y expresividad, la mayoría de la audiencia te escucha.
Cuando tu cuerpo fluye con tu mente y con tus emociones, te haces presente de una manera completa y transmites credibilidad.

Espero que estas recomendaciones te sean útiles. Te animo a que las practiques, si es tu caso que hablas más en pánico que en público.

Y ahora, imagínate que acudes a una entrevista de trabajo que estás convencido y convencida de que es para ti. Todo juega a tu favor. La entrevista transcurre viento en popa. En un momento concreto, el entrevistador te dice que una parte fundamental de las tareas de ese puesto es hablar en público. ¿Qué haces?