Hay personas que pueden pasar toda su vida sin tener que hablar en público. Y ese podía haber sido el caso de Sara. Sara es una usuaria de Viventi (de la que hablaré bajo un nombre ficticio para preservar su intimidad) que participó en uno de los talleres de oratoria que hemos organizado en nuestras instalaciones.

Sara es una treintañera alegre, creativa y espontánea. Cariñosa con su familia y con su pandilla. Es muy social, le gusta salir con su grupo de amigas, donde se dan la vez para contar de una en una las batallitas que le han pasado desde el último encuentro. Ha trabajado desempeñando con éxito tareas administrativas, organizando actividades para niños y en entidades en las que ha tenido que coordinar eventos de ámbito nacional e internacional.

Se considera una mujer resolutiva y eficaz. No tiene problemas a la hora de relacionarse, ni con conocidos ni con desconocidos. Aprende rápido y le gusta probar nuevas experiencias. O eso creía ella, hasta que un familiar le pidió que leyera un texto en su boda. Entonces Sara  tuvo que enfrentarse a su pánico para hablar en público.

Enlace img-page-001

No es lo mismo ir de blanco que quedarse en blanco

Aunque el blanco es el color oficial de las bodas, Sara tiene miedo a quedarse de ídem. Cuando ella imagina la imagen del  momento, se visualiza delante de los novios, los padrinos, el maestro de ceremonias, los familiares del novio, de la novia, los reporteros espontáneos que quieren inmortalizar el momento, los camareros, las camareras, etc. Incluso, en su dislate más creativo, seguro que algún satélite la está enfocando para emitir las imágenes en directo en algún canal de Internet. Normal, que ante tanta expectación, a Sara le sudan las manos, le tiemblan los labios, se le nubla la vista y se le ciega la mente.

Sara sabe leer

Sara es una chica muy expresiva y alegre. Durante el taller, hizo gala de un sentido del humor espontáneo y contagioso. Así, que su proceso ha consistido en transferir esas habilidades a la situación que le preocupa. El entrenamiento le sirvió para poder expiar sus miedos y sus fantasías más dramáticas. Las puso de manifiesto con mucha risa y diversión. Hubo intercambio de pareceres con el resto de compañeras. Pudo comprobar que su pánico es similar  al de otras mujeres, de otros ámbitos y edades, de manera que intercambiaron preocupaciones y soluciones a partes iguales.

En sus palabras, ahora se siente «segura, confiada y capaz». Esto último es muy importante, porque ella ya era capaz antes de comenzar su proceso en Viventi. Su participación en el taller, le facilitó un lugar seguro en el que poder manifestar sus peores espejismos. Al decirlas en voz alta y compartir su puesta en escena, tuvo la oportunidad de convertirse en su propia observadora, que no en su propia jueza. Estudiando y analizando las inquietudes del resto de participantes inventó estrategias para situaciones incómodas que aún lo habían surgido.

La lectora nupcial

Tras su paso por Viventi, Sara leyó en la boda de su familiar. Desde entonces, que Sara lea en las bodas de sus amigas es un clásico. Es la lectora nupcial oficial. Ya su única preocupación de cara al evento es qué ponerse y que no se le olviden las sandalias para cambiarlas por los tacones, llegada la hora.

 

Gracias a Sara (nombre ficticio) por autorizarme a compartir su proceso en este blog con el fin de poder ayudar a otras personas que viven un trance similar a la hora de hablar en público. 

 

¿A partir de cuántas personas tienes miedo a hablar en público? ¿Qué haces para superar el trance? ¿Te quedas con la sensación de que lo podrías haber hecho mejor?