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Hay días en los que los acontecimientos juegan a mi favor. Aparentemente, todo sale a pedir de boca. Son esos días en los que hasta los errores e imprevistos me son favorables. Hay días en los que la vida me sonríe y no me cuestiono lo que me debe la vida.

Hay días en los que tengo la sensación de que el Universo juega conmigo moviendo los hilos a su antojo. Cada momento es una prueba de supervivencia en un entorno hostil. Hay días en los que la vida es una mierda.

Porque Santa Rita, lo que se da no se quita.

Lo que me debe la vida

Imagínate por un momento que existe una ventanilla única en la que puedes reclamar a la vida lo que quieras para ser feliz. En la que lo que me debe la vida venga de vuelta. Al fin y al cabo, la vida es para vivirla con felicidad y alegría. ¿Qué le pedirías? ¿El mismo sueldo que tenías hace cinco años? ¿El amor verdadero? ¿Tus sueños? ¿La bici que no te trajeron los Reyes?

Si eres de los que piensan que la vida ha sido injusta contigo y que te ha robado tus derechos, lamento comunicarte que desconozco la existencia de esa ventanilla, por lo que si te sientes ofendido por la vida, te propongo que aceptes, integres, aprendas y continues.

Porque la vida sucede, simplemente, y eres tú quien decide qué, cómo, cuándo, con quién y para qué. Porque la vida es el resultado de muchas circunstancias, conocidas y desconocidas, gestionadas y desordenadas, agradables y desagradables. Porque hay veces que “controlas” y te sientes con el poder. Porque hay veces que “no controlas” y te sientes a merced de los elementos.

Hay veces que recapitulas y te das cuenta de que has hecho y haces todo lo que la vida te ha pedido y te pide. Has sido buena hija o buen hijo, buen estudiante y productivo. Has aportado todo lo que te han pedido. Has amado y has formado tu familia. Has cumplido e ido superando todas las pruebas religiosamente. Como si de un videojuego se tratara, vas pasando de pantalla, algunas hasta con bonos extra. Y a pesar de eso, el juego se acaba. Y todo lo que has aprendido se queda viejo.

Y te ves a ti mismo, a ti misma como una máquina con obsolescencia programada y lo único que te queda es esperar en el desguace a que te reciclen por piezas.

¿Qué hacer cuando la vida no te da lo que te debe?

De esa recapitulación, haces cuenta de los pensamientos, emociones y acciones que te han llevado hasta este desguace existencial. Y te das cuenta, de que no lo has hecho tan mal. De manera que sí, tú has cumplido y no te salen las cuentas de la factura.

Si, a lo que has hecho por la vida, le sumas lo que has renunciado por ella y le restas lo que la vida te ha dado, aún te queda mucho por cobrar. ¿Qué hacer ahora?

Te debates entre reclamar o callar. Entre exigir “lo que es tuyo” o seguir con lo que tienes, al fin y al cabo, no empiezas de cero. O, finalmente, te decides por no dar más a la vida, hasta que esta deje la cuenta a cero.

Y te cruzas de brazos, a esperar que la vida te devuelva lo que te debe.

Expectativas, cuestión de perspectiva

Si algo hemos aprendido de esta circunstancia económica que nos ha tocado vivir de pleno es que la vida se hace día a día. En muchos casos, cuando parecía que  se estaba alcanzando la estabilidad personal se quebraron los cimientos del sistema y todas las expectativas desaparecieron entre la polvareda de la demolición.

Y esperamos a que la vida nos devuelva lo que nos ha quitado. Reclamamos lo que hemos tenido, lo que es nuestro, nos decimos «con lo que me debe la vida», lo que nos hemos ganado, lo que nos merecemos. Y nada de eso llega.

Aceptar que no hemos logrado nuestro objetivo a pesar de nuestros esfuerzos es incomprensible, la mayoría de las veces. Hay que dejar pasar un tiempo razonable para poder repasar las situaciones desde otra perspectiva. Desde otros puntos de vista, que amplíen la información de lo sucedido. Poniéndonos, en el lugar del otro, como un desconocido o como un amigo. Y poniéndonos también, en el lugar de la vida. Así será más fácil tener una comprensión más completa de la escena y de las relaciones que tienen lugar dentro de ella.

Y si algo hay algo permanente a lo largo de los tiempos, pienso, es que la vida es presente. Desconozco si el pasado o el futuro se guardan en algún lugar en el tiempo o en el espacio. En cuanto a nuestras expectativas, nos sirven para crecer como personas, a desarrollarnos en un entorno que construimos en lo cotidiano. Y en este suceder de situaciones, he comprendido que no todas dependen de mí, que la naturaleza tiene vida propia y que tan importante es tener un norte al que dirigirse como una brújula que te marque el camino en cualquier circunstancia.

Por mi experiencia, creo que es difícil convivir con la deuda abierta con la vida, porque al fin y al cabo, estamos inmersos en ella. En un presente continuo del que es difícil ocultarse.

¿Cuántas veces te has dicho eso de ‘con lo que me debe la vida’? ¿Qué sientes que te debe a ti la vida? ¿Cuántos sueños has sacrificado?¿Qué esperas de la vida?