Ahora hace justo cuatro años que dejé mi trabajo en un periódico para lanzarme a intentar vivir de lo que se había convertido en mi pasión: el mundo del desarrollo personal. Afronté mi reinvención como coach con ilusión, como un camino que me tocaba seguir sí o sí. A pesar de esa ilusión, que no se ha ido, en estos cuatro años he vivido momentos de dudas, en los que he tenido alguna que otra vez la tentación tirar la toalla y de buscar de nuevo trabajo como periodista (al fin y al cabo es lo que hice durante más de 16 años) y en los que he tenido que surfear momentos muy duros para mantener la convicción de que éste, Viventi, es el lugar en el que me toca estar.

Desde siempre he tenido claro que éste el lugar en el que quiero y deseo estar. Otra cosa esque siempre sintiera que es el lugar en el que me toca estar, en el que merezco estar y en el que tengo permiso del destino para estar. Cada vez que le he preguntado en estos años a uno de mis clientes de coaching que si tuvieran todo el dinero del muno qué haría, yo me contestaba internamente: «Yo estaría donde estoy, acompañando a personas a desarrollarse y escribiendo sobre estos temas. Estoy donde quiero estar».

Aquí, haciendo esto, escribiendo este post y con las dos sesiones de coaching wingwave que tendré hoy, me siento realizada. Siento que hago algo por mí y por los demás y que estoy aportando algo a la vida, al mundo, que pongo mis valores, como el amor o la trascendencia en juego, y que cumplo mi misión en la vida. Estoy, como a mí me gusta decirle a mis clientes, alineada con la vida, con quien soy y con lo que me toca hacer aquí. Ahora lo siento así y por ello puedo decirlo en voz alta. Pero siempre no ha sido así.

Lo más duro en este proceso de reinvención como coach llegó durante los primeros años en los que intenté vivir de esto. Cuando inicié la creación de Viventi, hace ya cuatro años, yo pensaba que todo iba a ser fácil. Confiaba en que iba a abrir mi centro y la gente vendría por arte de magia. Tendría la consulta llena y ganaría suficiente para vivir. Al principio no ganaría los casi 40.000 euros que ganaba en el periódico pero sí tendría un flujo de ingresos constantes que me permitiera vivir con dignidad y conservar en mi cuenta corriente parte de la indemnización que me había llevado al irme del periódico.

Los bloqueos

Sí, pequé de ingenua. Qué equivocada estaba. La realidad resultó mucho más dura. Y parte de la dureza de la realidad vino al ponerme delante de la gente en las sesiones de coaching. Yo ya había hecho mi formación, que había durado un año, las 30 horas de prácticas correspondientes, había hecho mi propio proceso y estaba formándome como terapeuta por partida doble, en el Programa SAT y con, pero en las sesiones había una parte de mí que se desdoblaba y me decía: «¿Pero qué estás haciendo aquí? Si tú eres periodista, ¿qué haces trabajando de coach y además cobrándole a la gente?». Las dudas llegaban a la reinvención como coach.

Dudaba de mí, con lo segura que parezco, y me costaba pedir dinero y cobrar por algo que me gustaba tanto. ¿Te ha sucedido a ti alguna vez eso? Después, al hablar con gente que se dedica al mundo del desarrollo personal, me he dado cuenta de que yo no soy la única a la que le sucede esto. Es habitual que cueste dar el paso de sentir que este mundo es una afición, al que te apasiona, a que se convierta en profesión. ¿Ves como la reinvención como coach o terapeuta no es tan sencilla?

¿Que cómo se soluciona esto? Empoderándote. Y dándote cuenta de lo mucho que puedes aportarle a una persona en una sesión tan sólo desde tu presencia. A mí me viene bien recordar cuánto me han aportado los terapeutas y los profesionales con los que yo he trabajado. ¿Volvería a pagar por trabajar con ellos? Sí, sin dudarlo.

Pero si yo no tengo una empresa

El segundo bloqueo gordo que tuve tenía que ver con lo que era el ámbito empresarial, podríamos decir. Al montar Viventi no me había hecho a la idea de que era una empresa, con todo lo que ello conlleva. Creo que había acabado tan harta del concepto de empresa que lo que me apetecía era trabajar para mí, de forma relajada, casi hippy, y eso de, por ejemplo, llevar las cuentas todos los meses o hacer facturas me daba escalofríos. Quería vivir del desarrollo profesional pero sin tener que plegarme a los requisitos del marketing, sin tener que estar todo el día en Facebook o escribiendo en este blog.

Y fíjate, al final esta parte es de las que me más gusta, todo lo relacionado con la creación de contenidos. Al fin y al cabo también soy periodista y cuando estudié periodismo lo hice para contar historias, para hacer lo que estoy haciendo ahora mismo. Imagínate como es la cosa que, en este momento, tres de cada cuatro clientes nos llega por Internet, por lo que escribimos en este blog, en nuestra newsletter y por lo que compartimos en las redes sociales, algo que ni siquiera habría soñado cuando inicié esta aventura.

Por todo esto, sé que no es fácil. Que cuesta. Y por mucho que nuestro corazón diga que nos queremos dedicar a esto con toda nuestra alma, que para sentirnos realizados es lo que necesitamos, la cabeza puede decir otra cosa, aunque no nos demos cuenta. Por ello, en Viventi hemos creado un programa de asesoramiento y acompañamiento a personas que se quieren dedicar a vivir de forma profesional del desarrollo personal. Ya llevamos unas cuantos procesos de este tipo a nuestras espaldas porque nos lo han ido pidiendo, como podéis ver en los testimonios que hemos incluido en la página web, y ahora lo que hemos hecho es organizarlo como un servicio en el que recogemos todo el bagaje de estos años.

Si quieres conocer este servicio de acompañamiento y asesoramiento para profesionales del desarrollo personal, puedes seguir este enlace.

Si te dedicas al coaching, la terapia, la psicología u otra profesión de ayuda, me encantaría que nos contaras ahí abajo, en los comentarios, cuáles son las principales dificultades a las que te has enfrentado y cómo las has superado.