¿Qué hay detrás de un “me da igual”? A riesgo de equivocarme, en la mayoría de los casos, me atrevería a decir que detrás de un “me da igual” se encuentra una diferencia de opinión, por leve que sea. Y ante el riesgo de causar un conflicto si se expresa una opinión diferente, si se disiente de alguna manera o se emite una negación directa, a veces, solo a veces, algunas personas quizás demasiadas veces, optan por contestar con un “me da igual” ante una pregunta cuya respuesta interna es lo opuesto a lo que verbalizan.

¿Qué me pasa cuando digo “me da igual”?

Cuando me preguntan qué quiero y contesto con un me da igual, siento como si me apagara por dentro por un instante, como si hubiera una bajada de tensión momentánea en la red eléctrica, aunque el efecto dura poco. Quizás por eso se me olvida pronto y vuelvo a repetir la misma contestación, en situación similar, al poco tiempo.

Cuando me preguntan qué necesito y contesto con un me da igual, estoy evitando la responsabilidad de desarrollarme y crecer con mis argumentos, mis sentimientos y mis acciones. Dejándome llevar por la corriente ajena, sin saber ni hacia dónde, ni cuándo, ni cómo.

Cuando me preguntan qué me gustaría y contesto con un me da igual, renuncio a mis sueños, a mis deseos, a mis expectativas para no molestar, para evitar causar problemas y para dejar que sueñen otros. Porque ellos si tienen claro lo que quieren, mientras que a mi, todo me da igual.

¿Qué pasa si elijo?

Las elecciones son excluyentes. Esas exclusiones pueden ser personas, animales o cosas. Ideas, actividades o lugares. Y esas elecciones, excluyentes, tienen consecuencias, a veces no agradables. Por ello, y con el fin de evitar una escena en la que la causa “tampoco es para tanto”, la mayoría de las veces te decides por un “me da igual”, antes que decir “yo quiero”, “yo necesito” o “yo deseo”.

Las elecciones requieren atención, motivación y voluntad. A veces, el deseo de comodidad y la comodidad de la pereza nos convierte en personas procastinadoras y resistentes pasivas, más que a la autoridad, a la realidad. La atención es necesaria para saber qué estas eligiendo. La motivación es el motor que te empuja a la acción. Y la voluntad la energía que te mantiene en movimiento. Para algunas personas, este proceso puede llegar a ser agotador, aunque necesario para responsabilizarse de su situación.

Las elecciones son temporales. Siempre hay que andar decidiendo. Cada mañana hay que decidir con qué ropa salir a la calle, qué comer o a que hora irse a la cama. Y la vida útil de una decisión suele ser efímera. Porque estamos vivos y vivimos en un entorno dinámico en el que todo se transforma. Cuando ya has decidido qué carrera hacer, tienes que elegir qué optativas estudiar. Y después, sobre el tema de los proyectos. Ni hablemos de elegir trabajo, pareja o tener hijos. A veces, el miedo a decidir sobre la marcha nos congela en el tiempo y en el espacio, bloqueando el acceso a nuestro objetivo.

A la hora de elegir

Si crees que ha llegado el momento de tomar decisiones y dejar a un lado la actitud del “me da igual”, te propongo un ejercicio que te pueden ayudar a tomar conciencia de tu “medaigualismo” para transformalo en un “yo quiero”.

  • Anota en una libreta los momentos en los que dices “me da igual”.
  • Escribe qué crees tú que pasaría si expresaras tu opinión, tu necesidad o tu deseo.
  • Ahora escribe de diez maneras diferentes qué te hubiera gustado contestar en lugar de un “me da igual”.

Quizás algunas de las expresiones que has escrito son groseras, violentas o desagradables. Por eso las escribes y no las verbalizas en público. Es fundamental que tomes conciencia de para qué evitas expresar tu opinión, necesidad o deseo. Qué actitud de qué persona estás rehuyendo, qué consecuencias estás sorteando o qué reacciones concretas estás evitando. Solo así serás capaz de poder actuar sobre ello directamente. Estoy segura, de que entre las frases que has anotado hay alguna en la que te afirmas con asertividad y firmeza. Prueba a hablar en primera persona de lo que sientes y de lo que quieres. De lo contrario, el exceso de miedo, de vergüenza, de pereza, o cualquier otra excusa, seguirán bloqueando tu capacidad de elección.

¿Cuándo fue la última vez que elegiste qué película ver? ¿Te cuesta poner límites?¿Cuál es tu comida favorita?¿Te gusta negociar?