Me too. Yo también

Yo también he vivido un episodio de abuso sexual. Aunque es un asunto del que no hablo normalmente, esta semana he querido traerlo al blog de Viventi  para sumarme a la campaña que se ha reactivado estas últimas semanas en contra del abuso y acoso sexual a mujeres.  Fue hace tiempo, más de 30 años.  No soy famosa, ni actriz, ni política. No represento a ningún colectivo. Estoy aquí, hablando de esto, porque quiero pasar de la estadística del silencio a la estadística de la denuncia.

El tiempo y la experiencia, me permiten observar esa situación desde la distancia. Desde un lugar seguro, en el que la mujer adulta que hay en mí es lo suficientemente fuerte como para sostener la vulnerabilidad de la infancia. De esa Pilar María que se sentía frágil, insegura y débil. Y culpable.  Tan culpable que arranqué esa página del guión de mi vida. Aunque el episodio ya estaba escrito y grabado en mi vida y en piel.

No lo hablé con nadie. Aunque eso no es lo importante. Porque hay más momentos de mi infancia que no he contado nunca. Sin embargo, este “no contar”, era diferente. Era diferente porque el objetivo era que nadie se enterara de lo que pasaba, porque estaba mal lo que hacía. Y aunque no había violencia, ni agresión, si había sometimiento, humillación y abuso. Un abuso basado en la relación de jerarquía que había entre él y yo. Un adulto en el que yo confiaba, porque como niña pequeña que era, tenía que confiar en los adultos. Porque yo era pequeña y no sabía. Así que confié. Confié hasta que me quedé sin valor y sin autoestima. Y como pude y como sabía, salí de esa situación a hurtadillas. Escondiéndome por todos los rincones, volviéndome invisible para no volver a ser objetivo del deseo de dominación de otras personas.

Lo que empezó como un juego, acabo siendo una experiencia desagradable. Que no se lo  podía contar a nadie. Porque era un secreto. Cuando recuerdo esa etapa de mi vida, me veo asustada, más bien, acojonada, pequeña, bloqueada. Inmóvil.

Durante mucho años ignoré ese hecho, hasta que  tomé conciencia de que lo que había vivido era un abuso. Lo primero que hice fue enfadarme conmigo misma por no haber sido capaz de poner fin a esa situación. Me dije a mí misma tonta, ¿cómo no te diste cuenta? ¿por qué dejaste que hiciera eso contigo? ¿por qué no pediste ayuda? Y como respuesta, recibo la mirada asustada de esa niña pequeña, con un nudo en la garganta e inmovilizada por el miedo.

¿Cómo me ha podido influir esa experiencia en mi vida?  Pues después  de casi cuarenta años de ese hecho y con la perspectiva que me dan los años vividos, me he dado cuenta de que, en la sociedad, en la época y en la cultura en la que yo vivo, el abuso es una actitud, una manera de ser, y el sexo es una herramienta . Y que el abuso es una conducta, una manera de actuar, que está por encima del género y del entorno.

Entonces, ¿cómo evitarlo?

Ahora me atrevo a hablar de este asunto, porque, en cierta medida, creo que soy capaz de sostener las emociones relacionadas con esa experiencia. He pasado por casi todos los estados emocionales posibles. Del miedo a la negación. He transitado la rabia y la ira, el dolor, la pena. La frustración. El no pasa nada. Bueno, tenía que tocarme a mí, en fin, así son las estadísticas. Hasta que empecé a hacerme preguntas.

Y desde la tranquilidad que da la distancia y la perspectiva, me pregunté ¿cómo llegué yo a esa situación? ¿Podría haber hecho algo para evitarlo? ¿Qué puedo hacer yo para que evitar que otras personas vivan situaciones similares?

Me too

Yo también