Hay momentos en nuestra vida en los que nos comportamos como marineros en lo alto del palo mayor oteando el horizonte en busca de la tormenta. Y avistamos rayos en los reflejos de sol, divisamos nubarrones en las bandadas de aves y  oímos atronadores truenos en la lejanía. Hay ocasiones, en la que nuestra mente genera pensamientos catastróficos a un ritmo vertiginoso. Hay veces, en las que aplicamos la creatividad para imaginar sucesos siniestros, desgracias o hecatombes, y el resultado es un estado de ansiedad, difícil de aplacar, en el que sufrimos en el presente los males imaginarios de un futuro hipotético.

Cuando llegan esos pensamientos catastróficos

Los pensamientos catastróficos pueden ser un síntoma de estrés. Sabes que algo no va bien cuando, más allá de la preocupación, los pensamientos interpretan el hecho concreto creando situaciones por venir en las que nunca pasa nada bueno. El estado de alerta, una reacción de estrés ante situaciones imprevistas, se transforma en hábito y te pasas el día de sobresalto en sobresalto; desde la alarma matutina del reloj, hasta la despedida y cierre de la programación televisiva.

La ansiedad se extiende a todos los ámbitos de tu vida. Un error en el trabajo se transforma en un despido inminente; una discusión con la pareja, en la prueba definitiva de que la relación ha terminado y una confusión con un amigo es interpretado como un acto maligno realizado con premeditación y alevosía. Y como ya no te cabe tanto miedo dentro de ti, lo proyectas en tu entorno, como si de una certeza absoluta se tratara. Así, la excursión de tu hijo al museo, por ejemplo, la vives como un viaje sin retorno. Cualquier punto de vista es distorsionado por el miedo. Así, un resfriado es la antesala a una neumonía o el anticipo de una vejez llena de achaques y dolores.

El miedo te roba el sueño y la ilusión. Sabes que tú eres mucho más que eso, aunque te sientes incapaz de hacerle frente y luchar, porque agotas tu energía en batallas cotidianas, minando tus fuerzas y pulverizando tu vida.

Después de la tempestad siempre viene la calma

El programa de reducción del estrés e inteligencia emocional basado en la atención plena propone cuatro elementos a trabajar a corto plazo para reducir estos pensamientos negativos y recuperar el estado de equilibrio emocional en el que puedes convivir con tu entorno con fluidez y naturalidad. Afrontando el peligro con seguridad y confianza. Siendo consciente de que al igual que puedes mantenerte en forma con la práctica de ejercicio físico, puedes gestionar las ideas nocivas para tu salud a través de hábitos saludables para tu mente y tus emociones.

Estas cuatro propuestas a corto plazo son:

1.- La práctica de la conciencia plena. Atender al presente como punto de partida. Esto elimina de un plumazo cualquier pensamiento o fantasía que no esté ubicada en el aquí y ahora. Los primeros síntomas de que la práctica de la conciencia plena se manifiestan en la reducción del ruido mental y las reacciones automáticas ante estímulos externos.

 2.- Percepción distinta. Una vez que has sido capaz de alejarte de tu motivo de preocupación, podrás observar la situación desde otra perspectiva (ajena al motivo y al miedo origen de la ansiedad), lo que te aportará más información sobre el hecho en sí, podrás componer una imagen más completa de la realidad presente y proyectar un futuro basado en hechos reales.

3.- Regulación emocional. La regulación emocional es el proceso por el que puedes influir en tus sentimientos, en su intensidad y expresión para decidir con conciencia y responsabilidad. La práctica de la meditación te permite bucear en tus emociones de una manera progresiva, atendiendo a la necesidad  relacionada con esa emoción y extrayendo la intención positiva de la misma.

4.- Afrontamientos adaptativos. Un afrontamiento adaptativo es aquel que te permite recuperar, en la medida de los posible, las condiciones reinantes antes del momento estresor. Si estamos metidos de lleno en el agujero negro mental, solo se te ocurren soluciones tenebrosas y oscuras. Al practicar la conciencia plena, cambiando la percepción de los hechos y regulando las sensaciones, podrás tomar decisiones emocionalmente inteligentes y adaptada a tus necesidades personales y ecológica con tu entorno.

Practicando la atención plena

Para llegar a una regulación emocional equilibrada, es importante la práctica de la atención plena en nuestra vida diaria. Así, estamos entrenando a nuestra mente para responder ante los imprevistos cotidianos, lo que nos prepara para cuando ocurre una emergencia que demanda toda nuestra atención. Sin embargo, lo habitual es que acudimos a estas técnicas cuando estamos con el agua hasta el cuello, lo que es lo mismo que querer aprender a nadar cuando estamos en pleno naufragio.

La práctica de la meditación te permite transformar tu reacción ante los estímulos estresores en respuestas a través de la identificación, evaluación, observación y adaptación al mismo. Lo cual tiene consecuencias bastante positivas en nuestros pensamientos, ya que nos permitimos soñar sin miedo a tener pesadillas, a disfrutar de la actualidad, construyendo el futuro en cada instante del presente.

 

¿Qué haces tú para gestionar tus emociones? ¿Sabrías identificar al menos tres estresores de tu vida diaria? ¿Cuándo te cuentan algún acontecimiento, suelen aparecer esos pensamientos catastróficos?