Ayer hizo justo seis años que dejé mi trabajo para montar Viventi. Fue Facebook quien se encargó de recordármelo justo el día en el que cerrábamos la primera promoción de nuestra formación de coaching integrativo que hemos desarrollado durante los últimos nueve meses en Viventi. Sí, nueve meses, toda una gestación que ayer culminó con un hermoso entregar al mundo un grupo de mujeres cargado de conciencia e ilusión con su formación de coaching integrativo completada. Una tribu, como ellas se denominan, de coaches con una conciencia mayor de quienes son y de qué han venido a dar al mundo y a la que podéis ver en la foto de arriba (perdón Marc Rovira por poner esta foto en la que te tapo, pero es la única fotografía en la que aparecen todas las alumnas y en las que además estoy yo).

Me pareció paradójico que esa primera promoción en la formación de coaching integrativo en Viventi acabara justo en el aniversario de mi marcha del periódico, justo en el aniversario del momento en el que le di pistoletazo a lo que entonces iba a ser mi nueva vida. El comienzo de un proyecto para dar, como así ha sido, un giro de 180 grados a mi vida y pasar de lo que había hecho durante 15 años que era ser periodista, a dedicarme al mundo del desarrollo personal.

Al unir ambas imágenes de repente me ha venido esa sensación que nos llega a veces en la vida y que, al menos para mí, tiene que ver con la satisfacción de sentir que parte de la tarea está completada. Es una mezcla de satisfacción de alivio, de decir «esto en lo que me he dejado la piel durante los últimos seis años es ya realidad, es verdad, ya sí que no hay marcha atrás y no quiero que la haya». E, inmediatamente detrás, me ha llegado la necesidad de escribirlo y compartirlo.

Formación de coaching integrativo en Viventi

Cuando comencé con Viventi mi idea era hacer sesiones de coaching, talleres, traer coaches y terapeutas de fuera que hicieran aquello que me apasionaba… Pero poco a poco y sin saber muy bien cómo nos hemos ido consolidando como escuela de coaching y de comunicación. Al principio fue con nuestra formación de coaching wingwave, que imparte aquí desde 2016 el equipo de wingwave del Institut Gestalt (del que tengo la suerte de formar parte desde hace un año). Este curso hemos completado nuestra tercera promoción de profesionales formados en este método y son ya casi 30 los coaches wingwave que se han formada aquí con nosotras.

Si a esto unimos este grupo de 14 mujeres formadas como coaches integrativas en este programa que desarrollamos en colaboración con el Institut Integratiu de Barcelona, tenemos ya casi medio centenar de coaches que se han formado en Viventi. A los que habrá que añadir las personas que harán el Practitioner de PNL que comenzamos en un par de semanas.

Hemos logrado montar, desde mi punto de vista, un itinerario formativo de calidad, con excelentes profesionales y todo ello en Benalmádena, no en Barcelona, ni en Madrid, ni siquiera en Málaga. Si no en Benalmádena, a 20 kilómetros de Málaga, y en una casa ubicada en una de las zonas más tradicionales de Arroyo de la Miel que fue de mis abuelos y a la que ahora mismo le estamos dando el mejor uso que le podíamos dar. Y digo esto porque alguna que otra persona que llega a Viventi y es de por aquí cerca se sorprende de que podamos estar tan cerca y traer formaciones como estas aquí.

Lo que me ha llegado esta mañana esa esa sensación de que sí, de que ya somos escuela y que, como decía antes, y que esa parte inicial del camino cuesta arriba y empinada ya está hecha. Por supuesto que vendrán momentos difíciles, y muchos, pero para lidiar con esos momentos difíciles ya sabemos tanto Pilar, mi socia, como yo, que ya estamos preparadas porque a lo largo de estos seis años ya hemos pasado por muchos de esos momentos difíciles. Momentos de no saber hacia dónde íbamos, de no saber qué hacer, de pensar que en la vida íbamos a poder vivir de esto, momentos de pensar «pero quién me me mandó a mí meterme en esto»… ¿Qué fue lo que nos hizo sobrevivir a esos momentos difíciles?

La convicción de que Viventi era nuestro lugar, nuestro sueño, lo que queríamos hacer y darnos cuenta de que si nos tocara esa lotería que nos solucionara para la vida sobre la que preguntamos tanto los coaches, la dedicaríamos a alimentar Viventi y a seguir formándonos y trabajándonos nosotras como profesionales del desarrollo personal. El saber que no podíamos ni queríamos estar en otro lugar que no fuera Viventi fue lo que nos hizo seguir adelante.

Ahora, seis años después, tengo la sensación de que esa parte más dura del camino, más árida y empinada, está cubierta. Que ya, por fin, nos queda andar en llano y disfrutar un poquito más del paisaje. Y sí, necesito escribirlo, contarlo porque así es como ordeno mis ideas.

Y esta mañana también me he levantado agradecida a todas las personas que han confiado en Viventi. Que han confiado para formarse, para traer aquí formaciones y para trabajar con nosotras porque esas personas son las que cada día hacen posible que Viventi sea lo que es y que Pilar yo podamos dedicarnos a esto que nos gusta tanto. Y ahora, si estuviera mandando un mensaje de wassap, incluiría el emoticono ese de las manitas unidas a la altura del pecho en señal de agradecimiento.