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La respuesta a esta pregunta es simple: por la misma puerta por la que hemos entrado libre y voluntariamente. Lo difícil es reconocer que estamos en una relación que nos impide crecer y desarrollarnos como personas adultas, conscientes y amorosas. Y eso es complicado porque, en este caso me refiero a esas relaciones que elegimos pensando que es lo mejor para nosotros. Por eso, a veces tardamos más tiempo en reconocer que no sabemos cómo salir de una relación tóxica, porque eso sería reconocer que estamos en una relación en la que hemos fallado en la previsión, la planificación y ejecución.

Una relación tóxica puede ser con una pareja, con un familiar, un trabajo, (a veces incluso con uno o con una misma) o si me apuras una mascota o el gobierno de una nación. En algunas dejas de disfrutar y construir para preocuparte más por las intrigas, por conspiraciones y las sospechas te invaden a cada segundo. También puedes sentirte que tocas techo o pared a cada paso que das, generándote inseguridad en cada decisión, incluso en los pensamientos, hasta dudar de tu propia verdad.

¿Qué nos lleva a mantener una relación tóxica?

En los procesos de desarrollo personal y profesional que hacemos en Viventi, abordamos estas situaciones desde un cambio de perspectiva en la que podamos transformar la situación desde la responsabilidad individual de nuestras propias elecciones. Porque lo primero que hacemos cuando nos sentimos mal en una relación de este tipo es culpar al líder, al grupo o al propio sistema. Claro, sería de tontos culparnos a nosotros mismos cuando hemos entrado por nuestro pie en ese entorno.

Toda relación es dinámica, por lo que es imposible saber qué va a pasar a cada instante ya que intervienen muchos factores, entre ellos: la voluntad del y de los sujetos, las necesidades del medio y los emergentes. Por eso es importante tener en cuenta que cualquier cambio individual va a afectar al sistema. A veces queremos desarrollarnos como individuo sin tener en cuenta que nuestras acciones también afectan a nuestras relaciones y a nuestro sistema.

En este sentido, he oído decir a madres que hubieran preferido que sus hijos pararan de crecer a la edad de cinco años, porque era cuando ella más disfrutaba de ellos. Hay mucho miedo al cambio en esas palabras. Yo misma me descubro a veces reprochando a mi madre que aún no me cuide como lo hacía como cuando yo tenía cinco años. Lo que hay detrás, es una fantasía de mantener mi beneficio individual a costa de su evolución.

Transformar la lucha en acción consciente

Como se dice popularmente, cada persona es un mundo, aunque hay lugares en donde coincidimos, por eso es importante que escuchemos y compartamos las vivencias con otras personas. Si los elementos que intervienen son diferentes, las motivaciones suelen ser similares. Por mi experiencia en mi propio proceso personal, ese es el enfoque que aplico en Viventi en las acciones grupales, porque he podido experimentar que el grupo es mucho más que la suma de sus individuos.

Estamos en una sociedad que lucha contra todo y luchamos por mantener una relación tal y como pensamos que tiene que ser. Con tanta bala perdida los daños propios y colaterales a veces son irreparables.

Si sustituyéramos la palabra lucha por acción, enfocaríamos la toxicidad de una relación desde una perspectiva más manejable y maleable. Si en lugar de abordar nuestro malestar con yelmo, lanza y escudo utilizáramos nuestra mente, corazón y cuerpo, pondríamos todo nuestro ser al servicio de nuestro crecimiento en lugar de mantener un enfrentamiento constante. Nadie dice que sea fácil, aunque cambiaría la interpretación y el transcurso de los hechos, ya que atendiendo a nuestras necesidades básicas contribuimos al desarrollo del sistema.

Cómo salir de una relación tóxica

Quizás lo más complicado sea reconocer nuestro propio error a la hora de calibrar las consecuencias de nuestros actos. Y como errar es de humano, con ese pensamiento vamos transformando la frustración del fracaso, por no alcanzar el objetivo planteado, en un acto fallido como consecuencia de nuestro desconocimiento, voluntades ajenas o incluso, como consecuencia de emergentes en el entorno.

Reconocer nuestra infelicidad como un estado temporal y transitorio. En lugar de enfadarnos con nosotros mismo por nuestra torpeza, con lo listos que somos, admitir que no estamos donde queríamos estar y que nosotros también hemos puesto de nuestra parte para llegar ahí. De la misma manera, podemos poner de nuestra parte para salir de ahí.

Distanciarse del objeto del enfado. Mientras lo tengamos en el punto de mira, pensaremos, sentiremos y actuaremos en función de nuestra frustración. Un cambio de perspectiva nos ayudará a relativizar, así podremos descansar y bajar la guardia. Además, actuaremos con más conocimiento, desapegados de la intensidad emocional, con una vista más amplia del territorio y de las opciones que tenemos.

Agradecer y dar las gracias. Agradeciéndonos el habernos dado la oportunidad de vivir esa experiencia y dar las gracias a la relación por dejarnos entrar en su entorno. Solo así podremos extraer un aprendizaje consciente y válido para nuestra vida.

Así que a la pregunta ¿cómo salir de una relación tóxica?, lo primero que se me viene a la cabeza es: queriéndote y queriendo.

¿Qué haces cuando eres infeliz? ¿Sueles culpar al otro de tus errores? ¿Qué has aprendido de tus experiencias fallidas?