Los sueños son algo reservado para los niños y los locos. Existe la creencia de que a medida que una persona va sumando años, lo que gana en experiencia lo pierde en su capacidad de soñar.

Nuestra inventora de sueños se resiste a esta creencia. Nuestra soñadora lucha por mantener viva su imaginación entre agendas laborales, vida social, pañales y pucheros. Porque nuestra soñadora sabe que los sueños se pueden hacer realidad. Porque  gran parte de lo que ella tiene en el presente, ya lo había visualizado en el pasado.

En su camino, nuestra soñadora encuentra lo que busca y otras cosas y circunstancias que ni si quiera sabe que son, ni para qué sirven.  Entonces, lejos de desistir ante los imprevistos, nuestra soñadora juega con ellos. Al mal tiempo, pone buena cara.  Es capaz de convertir un aterrizaje forzoso en una atracción de feria o una anodina noche en un apasionante viaje a la luna.

El resto de los mortales terrenales miramos a la soñadora de reojo, mientras nosotros predecimos la catástrofe, la inventora de sueños planea con los contratiempos.

Soñar es gratis

La soñadora niña es inquieta, curiosa, divertida y no tiene límites. Aprende rápido, salta de una actividad a otra con facilidad y se entusiasma con todas las novedades. Se sube a lo más alto y sale más fuerte de las caídas. Las cicatrices le recuerdan lo aprendido con cada experiencia y lo aplican para la siguiente aventura. Soñar es gratis.

La soñadora adulta es alegre y entusiasta. Cada instante es vivido intensamente. Puedes compartir un paseo por el campo con una soñadora que a la hora de contarlo pensarás que habláis de momentos diferentes. A veces, sus historias pasan por cuentos infantiles, otra por exageraciones y otras por delirios de grandeza.

La soñadora es una coleccionista de tentativas. Le gusta explorar nuevas sensaciones, nuevos lugares, conocer a gente diferente, probar sabores exóticos, acumular conocimiento sobre las materias más extrañas y sobre los asuntos más comunes. Aún no ha terminado un proyecto y ya está planeando otro.

Miedo al vacío

La inventora de sueños aloja en su interior un dolor muy temprano. El dolor al vacío, a la nada, al silencio. El dolor a la ausencia, a la carencia, a la soledad. Y por eso, la soñadora crea un mundo de color en el que todo lo que sucede es fantástico.

Huyendo de la oscuridad, ilumina todo lo que tiene a su alrededor. En ocasiones, puede resultar agotadora. Las lágrimas ajenas, ella las convierte en agua de riego. La pena, en risa. La tristeza la adereza con sentido del humor y las acompaña con un buen vaso de vino.

La soñadora no permite ningún atisbo de sufrimiento o frustración a su alrededor porque eso le recuerda su sufrimiento y su frustración. Siempre anda rodeada de personas. Prefiere a los niños antes que a los adultos. Claro, con ellos se permite mostrar esa parte que los mayores censuramos. Los amigos la tienen en buena estima, porque siempre está alegre y tiene soluciones para todos y cada unos de los problemas que le plantees.

La constructora de realidades

La soñadora cree poder materializar todas sus ideas y las de las personas que le rodean. Cuando menos te lo esperas, aparece por tu ventana, como Peter Pan y te enseña a volar. Es una incubadora de entusiamo, generadora de optimismo y euforia. Allí por donde pasa, quedará un rastro de dicha y júbilo.

Tiene tanta pasión por vivir la felicidad, que cuando ella está satisfecha se dedica a hacer realidad los sueños ajenos. A veces puede resultar un poco invasiva, aunque ella no lo ve. Está convencidad de la buena intención de sus acciones y no comprende como alguien puede negarse a estar contento. No comprende como podemos temer una idea, cuando ella lo ve como un hecho consumado y con un resultado exitoso. Su ímpetu choca con nuestra prudencia. La llamamos loca, ella nos llama aburridos.

Ella se va a “otra cosa, mariposa” y nosotros la envidiamos por su capacidad para construir sus sueños y convertirlos en realidad.

soñadora2

El reposo mortal

Ella sueña despierta y dormida. En el coche, en el garaje y en el paso de peatones. Sueña en el trabajo, en la playa y en autobús. Sueña mientras cocina, mientras baila y mientras hace el amor. Sueña que vive y se inventa los sueños.

Ella no se permite descansar. Porque una mente sin actividad, es un persona muerta. En esa carrera sin límites más allá del arco iris a veces se olvida de sí misma y, cuando hace una breve parada para tomar aire se da cuenta de que, entre todos los planes que tiene, no figuran ni dormir, ni reposar.

Cuando se retira, lo hace silenciosamente, casi en el anonimato. Aunque durante poco tiempo, no vaya a ser que la inactividad oxide su capacidad de soñar.

La peor pesadilla

Cuando la inventora se ve impotente para colorear la realidad, se esfuerza y pone todo su empeño en transformarla. Cuando choca con las circunstancias, con los hechos y con el desánimo ajeno, se despiertan sus emociones más escondidas, que ella vive en la más estricta intimidad. Porque no quiere que nadie la vea triste, ni preocupada. Y se va a una playa vacía a escribir sus impresiones en una libreta iluminada con una linterna bajo una manta. O sube a la montaña más alta donde grita su rabia y su dolor.

Ella piensa que nadie la va a querer en ese estado. Confunde la serenidad con la depresión; la presencia, con ser el centro de atención; el dolor, con el sufrimiento y las sombras, con la oscuridad. Así que cuando ella no puede estar activa, ni dicharachera, ni enérgica, ni tiene ganas de solucionar problemas está convencida de que nadie va a estar a su lado.

Entonces, la soñadora cierra su ventana, apaga la luz y cierra los ojos con la intención de inventarse esta noche un sueño diferente.

*Dedicado a una amiga muy especial. Una inventora de sueños que me quiere en la risa y en el llanto, de cerca y de lejos, y que me enseña que los sueños también se pueden crear. Gracias.

¿Cuál es tu sueño más fantástico?¿Crees que la responsabilidad está reñida con la capacidad de soñar? ¿Cuál es el próximo sueño que vas a hacer realidad?