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Ahora la mayoría de la gente está de vacaciones: previas, durante o terminándolas. O deseando tenerlas, en cualquier caso son el verdadero filtro por el que se tamizan los deseos y a su calor se derriten los malos rollos y la oscuridad del frío. En verano, una hace la fotosíntesis hasta las diez de la noche y renueva energías para encarar la siguiente estación.

Y durante ese momento de muda de piel sobre la arena, vuelta y vuelta, en la que una no es ni lagarta joven, ni lagarta vieja, sino simplemente, lagarta me ha sorprendido un pensamiento sobre esos hombres perfectos que lo mismo lo ves de ejecutivo brillante que en el camping de campista ultra profesional. En concreto me refiero ese hombre eficiente, eficaz y productivo en cualquier ámbito. Impoluto a cualquier hora. Capaz de saber donde está cada uno de su tropa. Desarrollando lo planificado, planificando y atendiendo a lo emergente. Es un hombre de éxito personal, familiar y social: es Superman.

El Superman es ese hombre de cuerpo atlético, aritmético y estético. Tiene unos hombros erguidos y vigorosos, (para sostener el ego), un pecho ancho y robusto (para colgar las medallas), unos glúteos curvos y tersos (para rebotar si cae de culo) y unas piernas fuertes y fibrosas (para subir al podio más alto).

Superman organiza, gestiona, coordina y soluciona sin sudar una sola gota. Realiza las tareas en tiempo récord, que suma al siguiente proyecto. Su agenda es un itinerario ajustado y detallado para los próximos seis meses. Las dificultades las transforma en retos que superar y los logros, en escalones para seguir ascendiendo a la cima. Su gente lo adora y lo odia con la misma intensidad.

Fuera del ámbito laboral, nuestro Superman seguirá aplicándose con tenacidad y ambición a cualquier tarea que él quiera: navegar, tocar la guitarra, organizar barbacoas, etc. Seguirá siendo el número uno en aquello que se proponga, porque puede hacerlo y así lo demuestra a cada minuto que pasa.

Es el hijo modelo, el yerno que toda suegra quiere tener, el padre perfecto, el marido detallista en los cumpleaños y placentero en el sexo. El mejor amigo, el mejor amante y vecino ejemplar. Fotogénico y artista. Puede desarrollar todos, varios de los papeles o especializarse, el denominador común es la excelencia en cada uno de ellos.

Aunque Superman tiene una debilidad, sí, nuestro superhéroe hay momentos en los que pierde la compostura y hasta sus potencialidades. Ante la kryptonita el superhéroe se debilita, quedándose tan solo con sus capacidades humanas y terrenales.

¿Cuántas clases de kryptonita hay?

La kryptonita más dolorosa para nuestro Superman es la autenticidad. Antes mencionaba que podía representar varios papeles. No simultáneamente, aunque si consecutivamente. Cuando el Superman termina la jornada y sale de una ducha reparadora se mira al espejo, sin atrezzo y ve a su altura a un hombre desnudo. Sin logos ni marcas, sin referencias en la indumentaria que indiquen si está en la oficina o en el campo, Superman no sabe quién es.

Nuestro hombre Superman ha dedicado tanto tiempo a ser el mejor en tantos ambientes que ya no sabe cuál es el que le gusta de verdad. Ha brillado tanto que se ha cegado con su propio destello. Se ha esforzado tanto para estar a la altura, que ha perdido la cuenta, los amigos, las parejas y los sueños. Porque el hombre Superman planifica en función de las recompensas. Ha cambiado las ilusiones por cuentas corrientes que le permiten ascender por caminos grandiosos y exitosos.

Así que la kryptonita más dolorosa para nuestro Superman es la de saber realmente quién es cuando no está ejerciendo de ejecutivo o campista; quién es cuando está solo; cómo actuar ante un grupo del que desconoce el protocolo. Preguntarle a nuestro hombre Superman: ¿tú quién eres?, puede tener efectos sorprendentes.

¿Quién es el Superman de carne y hueso?

El nuestro, no el de DC Comics, es un hombre que piensa que la gente le quiere por lo que hace, por sus logros, por sus medallas y por sus trofeos. Es un hombre que quiere llegar el primero para que le feliciten, que quiere gustar para sentirse gustado, que quiere brillar para que lo miren.

El Superman de carne y hueso cree que existe en la medida en que el mundo le observa, así que tiene miedo a estar solo. Su creencia es: “me miran, luego existo”. Tiene miedo a la oscuridad porque allí la luz se apaga. Tiene miedo a ser él mismo, por que sin sus extras y sin sus aplicaciones se siente desvalido.

Nuestro Superman presume para ser reconocido, porque él no es capaz de disfrutar sus logros si no es a través del reconocimiento de terceros. El éxito lo mide a través del valor de la gratificación obtenida por el esfuerzo realizado.

 

¿Cuánto de Superman hay en ti? ¿Buscas la mirada ajena para existir? ¿Cuál es tu kryptonita?