Mamá es una madre de 47 años con un de un niño de 9 años a quien la tutora de su hijo le ha dicho que tiene que ponerle límites. Mamá llegó a Viventi con una situación actual y un estado deseado bien claros. La situación actual es: tengo miedo a mi hijo. El objetivo de la sesión era alcanzar su situación deseada: quiero ser feliz con mi hijo.

En este artículo, me gustaría contarte cómo transformar el estado inicial de miedo al deseado de felicidad con coaching wingwave

Mamá me ha dado permiso para contar su caso, aunque por motivos de confidencialidad me referiré a ella como Mamá y a su hijo, como Hijo.

La demanda

Mamá llega a Viventi en un estado claro de nerviosismo. Viene para las Tardes de Wingwave que organizamos una vez al mes. Durante las Tardes de Wingwave, además de explicar el origen, la metodología y en qué áreas se aplica el Coaching Wingwave, también damos la oportunidad de probarlo. Por eso siempre pregunto si alguien trae algún tema para trabajarse. Una de ellas fue Mamá. Cuando llegó su turno expuso su demanda.

Mamá nos cuenta que acaba de llegar de una reunión con la tutora de su hijo. En resumen, esta le dice que tiene que ponerle límites al tiempo que el niño pasa delante de la pantalla (tableta, móvil, televisión, etcétera). Este enunciado pone nerviosa a Mamá.

Cuando Mamá expone su tema habla del miedo que le da ponerle límites  a su hijo, porque entiende que el niño tiene casi una adicción. Reconoce que solo el hecho de retirar físicamente la tableta a su hijo, provoca en este una reacción desproporcionada de enfado y agresividad. Por lo que solo la idea de tener que quitarle el dispositivo le pone nerviosa.

“Tengo miedo a mi hijo”

De manera, que cuando recapitulamos para comenzar con el proceso de Coaching Wingwave, ella toma conciencia de que realmente lo que le preocupa es que le da miedo enfrentarse al hecho de tener que decirle a su hijo que no. Que no puede ver la tele durante tanto tiempo. O lo que es lo mismo, ponerle límites.

Este tipo de enunciados desde el coaching se trabajan como creencias limitantes. Porque, obviamente, Mamá tiene todos los recursos para decirle que no a su hijo, aunque una creencia subconsciente le envía el mensaje contrario, generando un estado de estrés. Mamá es consciente de que ponerle límites a su hijo es conveniente para el hijo y para ella, sin embargo, una parte de ella bloquea el acceso a esa capacidad.

Cuando testamos la creencia: tengo miedo a mi hijo, la respuesta corporal es débil. Este enunciado genera a Mamá una carga de estrés superior de la  que puede gestionar.

Miedo a la responsabilidad

Así que comienzo con ella desde el enunciado: tengo miedo a mi hijo. Desde ahí, continúo con el proceso, siguiendo las respuestas corporales débiles hasta llegar a la emoción que bloquea su capacidad de ponerle límites a su hijo.

Durante la sesión, Mamá conecta con sensaciones y momentos de su infancia.

Mamá recuerda lo bien que lo pasaba con su padre cuando era pequeña.

Mientras habla de esos momentos, le cambia la expresión corporal. Habla de cuando su padre se la lleva al campo, a pescar, y lo cuenta con soltura, con agilidad. Ella es feliz y siente la libertad que da el saberse segura y protegida. La confianza que da tener el apego seguro. Sin embargo, esa protección desaparece cuando aparece en la escena su hermano menor. A medida que este es más mayor, el padre la deja a ella en casa y se lleva a su hermano como acompañante para sus actividades. Mamá, entonces, se siente desplazada. Procesamos la emoción bloqueada y aparece una más.

En este caso, hay una emoción mal digerida en un nivel más profundo. A Mamá le duele la responsabilidad. Al no tener la protección de papá, Mamá tiene que empezar a decidir por sí misma, es decir, a asumir responsabilidades. Este cambio a Mamá no le hace mucha gracia.

La responsabilidad

Mamá entonces tiene una toma de conciencia importante.

Se da cuenta de que aún queda en ella una buena parte de esa niña que disfruta de la protección de papá. Que hay una parte de ella anclada en la sensación de que es feliz y siente la libertad que da el saberse segura y protegida. Y aunque ahora es una mujer adulta y su padre no la lleva al campo, en algunos aspectos de su vida, sigue comportándose como esa niña feliz, libre y sin responsabilidades.  Y aunque este hecho en sí mismo no es ni bueno ni malo, sí que está condicionando la relación con su hijo.

Cuando Mamá expresa en voz alta este pensamiento lo hace como quien degusta nuevos sabores. Lo dice con firmeza y convencimiento. Entonces la creencia inicial se transforma. Del “tengo miedo a mi hijo”, la creencia cambia a “quiero tomar la responsabilidad”. De manera, que el camino para dejar de tener miedo a su hijo es asumir su responsabilidad a la hora de poner límites.

El hecho sigue siendo el mismo: Mamá va a tener que limitar el tiempo de televisión a su hijo. Sin embargo, la creencia que asume Mamá como punto de partida, además de ser limitante, está influenciada por emociones mal digeridas en un momento de su pasado. Al aplicar Coaching Wingwave al estrés actual, hemos desbloqueado una emoción del pasado, que en la actualidad, impedía a Mamá asumir la responsabilidad en la relación con su hijo.

Ahora, Mamá entiende y convive con su hijo desde la responsabilidad, con la confianza de que puede ser feliz con su hijo al tiempo que le pone límites.

En unas tres semanas Mamá ha experimentado un cambio a la hora de comunicarse con su hijo, manteniendo conversaciones con diálogos fluidos en las que ambos intervienen y expresan sus opiniones con asertividad y fluidez. En cuanto a uso de la tableta, ha limitado el uso de la tableta a un tiempo fijo diario y él lo aplica sin problemas. En esta perspectiva de la situación ambos se han responsabilizado de sus áreas y en el cambio han ganado en calidad en su relación.

Este es un caso real de cómo te puede ayudar Coaching wingwave en tus relaciones. Si crees que necesitas ayuda en la toma de decisiones en tu vida o para mejorar las relaciones personales o profesionales, ponte en contacto con nosotras.