Las creencias tienen mucho que ver con la visión que tenemos de la realidad y con la visión que tenemos de nosotros mismos. Uno de los trabajos más importantes que se hace en un proceso de coaching, ya sea wingwave o integrativo, o incluso terapéutico tiene que ver con el cambio de creencias. Lo habitual es que el cliente llegue con un buen mogollón de creencias limitantes del tipo «yo no puedo», «yo no merezco» o «yo no valgo».  Sin embargo, hay creencias demasiado positivas que pueden llegar a arruinar tu vida. En este post te cuento cuáles son diez de ellas.

A lo largo del proceso, el coach o terapeuta acompaña a su cliente a lo que denominamos ampliar su mapa mental para que esas creencias limitantes se transformen en potenciadoras. Es decir, lo que buscamos es que el cliente trascienda esas creencias sobre sí mismo y halle las que pueden ayudarle a ser quien en realidad es, una persona plena y con todos los recursos para tener la vida que desea

A lo largo de un proceso de este tipo lo habitual es que, por ejemplo, el «yo no merezco tener un trabajo estable» se convierta en un «merezco tener un trabajo estable» y que incluso la persona se dé cuenta de cómo conseguirlo y de qué piedras se ha puesto ella misma en el camino para tener ese trabajo.

¿Qué sucede? Pues que con todo esto que yo denomino el «pensamiento positivo a ultranzas» hay algunas creencias que son, podríamos decir, poco sostenibles para la persona y que se han convertido en especies de paradigmas de fe. Son creencias demasiado positivas, tanto que nos conectan con una euforia peligrosa que puede llegar a rayar la temeridad.

Por poner un ejemplo un poco burdo es como si pensáramos que nos podemos tirar desde el ático de un octavo al suelo y no nos sucediera nada porque somos invencibles. Algo así sucede con estas creencias ahora tan de moda.

No sé si te acuerdas de Van Gaal, el entrenador del Barcelona que decía ese «¡Siempre positivo, nunca negativo!». Pues bien, ese siempre positivo, esa creencia positiva a ultranzas es la que nos impide contactar con las emociones negativas que se nos mueven cada día. Son esas creencias que nos hacen creernos un Mazinger  Z de la vida, que ni siente, ni padece y que siempre está igual, inmutable, con una meta en la mente y con un objetivo que persigue de forma incesante, al igual que Mazinger Z estaba siempre disponible para acabar con los malos sin sentir ni padecer.

Diez creencias que pueden arruinar tu vida

Estas son algunas de esas creencias demasiado positivas que pueden llegar a arruinar tu vida:

1. Yo puedo con todo

La pongo la primera porque, junto con la siguiente, ha sido la que a mí más me ha amargado la vida. Fíjate que en principio es una creencia positiva: ¿A quién no le gustaría poder con todo? Sin embargo, imagínate qué cansado poder con todo y qué coste más grande en el día a día y en la vida. Alguien que puede con todo es alguien que no puede descansar nunca, que siempre tiene que estar al pie del cañón y que siempre tiene que estar disponible para lo que venga, fuerte como una roca, fuerte como ese Mazinger Z del que hablaba antes. Qué cansado, ¿verdad?

2. Para triunfar hay que esforzarse mucho

En esta sociedad el esfuerzo es uno de los principales valores. Los niños desde pequeños aprenden a tener que hacer miles de deberes, a echar muchas horas de estudio y a pasar muchas horas sentados en detrimento del juego y de ser quienes son. La sensación es que el esfuerzo es algo inherente al éxito, ya sea personal o profesional. Sin embargo, si observas a personas que son excelentes en lo suyo lo que las define es que disfrutan con lo que hacen. Lo viven. Vibran con ella. Están en lo que se denomina su elemento y ahí el esfuerzo se desdibuja y sólo entra el ser. Triunfar siendo quien se es resulta fácil, sencillo y sostenible y no requiere tanto esfuerzo, ni tanto obsesión. Así es más amable, ¿verdad?

3. Si quieres, puedes

Pues no. Si quieres no puedes. Con mi oído, por ejemplo, me sería imposible aprender a tocar el piano como lo hace James Rhodes. Por muchas horas que le eche a ello y por mucho esfuerzo que le ponga. Hay en ocasiones que aún queriéndolo mucho, no es posible y es importante saber esto: por mucho que nos duela, tenemos nuestras limitaciones y esas limitaciones son las que hacen que la vida sostenible para nosotros. Mirarlas, observarlas e incluso darle las gracias por estar ahí nos ayuda a conocernos mejor e incluso a ir reconduciendo nuestra vida hacia un lugar más agradable para nosotros mismos y para quienes nos rodean.

4. La palabra imposible no existe en el vocabulario

Más de lo mismo. Pues sí, sí existe en el vocabulario. Está ahí porque en ocasiones hay actos imposibles para nosotros. ¿Qué sucede con esta palabra? Pues que nos conecta con la frustración, con la frustración de no poder hacer algo. Esa frustración, por otra parte, es necesaria para estar en la vida. La vida está hecha también de límites y tener nuestros límites claros es un alivio porque nos conecta con lo que podemos y con lo que ni podemos ni queremos, algo tan necesario como saber lo que sí podemos y sí queremos. Así que, ¡bienvenida palabra imposible!

5. Quejarte no sirve para nada

Pues sí, sí que sirve. Quejarse sirve para mucho y para lo primero que sirve es para desahogarse y para poner en orden nuestras ideas. Eso sí, cuando alguien viene a sesión a quejarse y habla de lo que me ha hecho tal o cual persona, que fíjate cómo es y cómo se comporta conmigo, la invitación es que se lleve esa queja a sí misma. ¿Qué sientes tú con eso? ¿Cómo lo vives? ¿De qué manera te gustaría vivirlo? La queja puede aportar claridad y tomas de conciencias muy interesantes. Eso sí, hecha con conciencia.

6. El miedo está ahí para dominarlo

Mentira. El  miedo está ahí para darnos pistas sobre cómo nos sentimos. Es una emoción como cualquier otra y es normal e incluso sano sentirla. Si no es a través del miedo, ¿cómo sé que es peligroso asomarse a un acantilado de 100 metros de altura por el que me puedo caer? El miedo es una advertencia, un ten cuidado con eso que vas a sentir o que vas a hacer. ¿Qué hacer entonces con él? Mirarlo, tomar conciencia de que está ahí, de lo que nos está diciendo y seguir hacia delante con él de la mano, respetándolo pero sin que nos paralice, a no ser que sea necesaria esa parálisis, por supuesto.

7. La felicidad es una decisión

La felicidad no es una decisión, es algo que se construye día a día, que puede entrenarse, por supuesto, pero no es algo imperecedero y que siempre va a estar ahí. Imagínate la vida como un inmenso mar y nosotros como un velero. Habrá momentos de placidez, con el sol brillando y una suave brisa que nos irá guiando. Pero  habrá momentos de marejadas, de tormentas, de tifones. Es cierto que si ese velero tiene el rumbo claro y sabe hacia dónde ir, será más fácil atravesar esas inclemencias que pone por delante la vida, pero las inclemencias habrá que pasarlas por mucho que decidamos saltarlas y ver sólo el sol.

8. Llorar no sirve de nada

Sí que sirve: para desahogarse y, sobre todo, para pasar el dolor. El dolor es una de las mayores inclemencias por las pasaremos en la vida. Dolor por la pérdida de un ser querido, de una pareja, de una mascota, de un trabajo… Hay tantos dolores. El llanto es la manera de disolver ese dolor, así que ¡bendito sea! porque nos libera y nos acerca al agradecimiento por lo vivido, agradecimiento que, curiosamente, también puede manifestarse a través del llanto.

9. Hay que ser fuerte

A veces toca ser fuerte como un león y a veces toca ser suave como una flor. Flexible, dejándose mecer como el viento. La fortaleza no es la solución a los males de nuestra vida y menos la fortaleza tal y como la entendemos: esa fortaleza mental, física que nos convierte en rocas impermeables a lo que hay. La fuerza real es otra y es esa que podemos llamar nuestra fuerza interior, que nace de nuestra esencia y que pude manifestarse como sensibilidad, como agradecimiento, como risa… En definitiva, que puede manifestarse de formas que aparentemente nada tienen que ver con la fuerza.

10. Sin estrés no rindo

Curiosa esta sociedad en la que el estrés se ha equiparado con algo bueno y positivo cuando lo único bueno que tiene es que nos da adrenalina, nos da el chute de intensidad necesario para, en ocasiones, sentirnos vivos. A los clientes que me vienen con esta creencia les digo siempre lo mismo: imagínate que estas todo el día en una selva encontrándote con leones, ¿sería eso bueno para tu rendimiento? Por desgracia, el día a día de muchas personas es así, como si fueran por una selva en la que ven gatitos que confunden con leones que los llevan a luchar o a batirse en retirada. ¿De verdad crees que es bueno para tu rendimiento vivir así?

¿Cuáles de estas ideas te has creído y se ha convertido en una creencia tuya? ¿Cuáles de estas ideas te ha fastidiado la vida o te la está fastidiando? O quizás haya una creencia de éstas que a ti te viene bien creer, que también es posible. Me encantaría leerte ahí abajo, en los comentarios.