¿Has pensado alguna vez en esos términos? ¿Te has sorprendido alguna vez expresando este pensamiento en voz alta? ¿Cómo es tu diálogo interno sobre esto? Te voy a decir una cosa, que no sé si te lo has dicho alguna vez: es normal que te pase y está bien que te pase. Cuando dices: «no sé que me pasa, aunque no estoy bien», estás dando voz a una sensación interna, que suele ser corporal, y a la que no encuentras ni palabras para definir, ni explicación lógica o racional. Quizás no encuentras el argumento o relato que justifique eso que te pasa, o, el que encuentras es injustificable.

Me gustaría contarte en las siguientes líneas cómo vivo yo esa experiencia y qué me ha ayudado a entender qué me pasa, cuando no sé qué me pasa y no estoy bien.

Concretamente, ¿qué es lo que te pasa?

Permíteme hacerte una pregunta: ¿Cómo sabes que no sabes que te pasa, si afirmas que algo te pasa? Esto último ya es un punto de partida importante. Quizás, lo que no sabes es la causa de lo que te pasa. Esto es, quizás no tengas pruebas sólidas e irrefutables que justifiquen tu estado interno. O quizás, no encuentres el medio para dejar de sentirte así. LLegados a este punto, es necesario que te plantees si sería conveniente acudir a otra fuente para encontrar la respuesta a tu estado de ánimo. Por ejemplo, el cuerpo. ¿Podrías explicar cómo son tus sensaciones corporales cuando no sabes que te pasa, aunque no estás bien?

Y aquí empezamos a pisar terreno pantanoso, porque, a veces, es muy difícil poner palabras a las percepciones que tienes de piel para adentro. Sin embargo, ese cambio de foco puede venirte bien.

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Donde hay patrón no  manda marinero

¿Te imaginas un barco de vela capitaneado por un patrón que siempre hace lo mismo tenga viento a favor o en contra, calma chicha o tormenta en ciernes? Pues bien, si tú fueras ese barco, tu mente sería tu patrón, que traza el rumbo. Las velas, tus emociones, que el marinero ajusta a las condiciones meteorológicas externas, en función de las órdenes del patrón. Y el marinero sería tu cuerpo, quien ejecuta las maniobras.

¿Y sabes qué pasa en un barco cuando la tripulación no está de acuerdo con las decisiones del capitán? Eso mismo: motín a bordo. Mientras, la nave queda a la deriva y las velas, a merced de los vientos.

Es entonces cuando el patrón se ve en la disyuntiva de continuar con el rumbo trazado, a pesar de las consecuencias, o capitular con el marinero, para que todos lleguen sanos y salvos a buen puerto.

No sé que me pasa, aunque no estoy bien

Te decía al principio que te contaría en este artículo cómo vivo yo situaciones de este tipo. Un aprendizaje muy importante para mí ha sido atenderme y prestarme atención, sobre todo corporalmente. ¿Por qué? Porque hay veces que hay ocasiones que me veo envuelta en situaciones incongruentes del tipo: pienso que sí y no actúo en consecuencia. O viceversa. Y esas contradicciones entre lo que pienso y lo que hago, o entre lo que hago y lo que pienso, me generan mucha frustración. Y corporalmente se manifiestan de muchas maneras, a veces con pesadez de estómago, otras con palpitaciones o  dificultad para el reposo. Quizás te suceda lo mismo a ti.

Y entre mi argumentario vital, encuentro algunos episodios, con sus correspondientes relatos, que se repiten en el espacio y en el tiempo. Son mis patrones de conducta y de pensamiento. La  secuencia de estos patrones es el resultado de un aprendizaje que en su día tuvo mucho sentido para mí, aunque en la actualidad no se ajusta a lo que sucede en mi aquí y en mi ahora.

Por eso, te propongo, que cuando te escuches pensando o diciendo: no sé que me pasa, aunque no estoy bien, recapitules y pongas atención a tu cuerpo.

¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Crees que siempre te pasa lo mismo y no entiendes que haces para que suceda así? ¿Qué haces cuando no quieres hacer algo y aún así te ves haciéndolo?

Si quieres más información sobre cómo abordar este asunto, solicita información en info@viventi.es