do what you love (1)

Este post se iba a titular ‘Tocadas y hundidas’ porque cuando esta noche me vino el impulso de escribirlo no me di cuenta de que hoy era 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Así que en lugar de titularlo así lo he hecho como lees ahí arriba porque hoy no tengo ningún motivo para creerme que de verdad le interese este día a alguno de los que mandan y que hoy aparecerán en las fotografías de los actos institucionales crean en el Día Internacional de la Mujer.

No lo digo por las diferencias de salarios, que están ahí. Ni por el hecho de que las mujeres lo tengamos tan difícil para llegar a puestos directivos, que también está ahí. Ni porque la conciliación, como tan bien defiende el Club de las Malas Madres, sea una utopía en esta vida. Lo digo porque estoy viviendo en carnes propias lo difícil que es emprender, lo complicado que nos lo ponen y como nos van poniendo un obstáculo detrás de otro para que perdamos la ilusión, las ganas o qué se yo.

Bien sabéis los que me conocéis que no soy una persona de quejarme, ni de putear el sistema porque entiendo que si hay una reglas de juego y yo juego con ellas las acepto de forma implícita. Jamás me he quejado por lo desorbitado que es el autónomo en este país, ni porque prácticamente la mitad de lo que gana mi empresa se vaya en el pago de impuestos y de autónomo. Jamás. He entendido que esas son las reglas del juego con las que yo he aceptado jugar y punto. Que no son justas, de acuerdo. Pero tampoco es justo que haya hambre en el mundo.

Así que el tiempo que hubiera perdido en quejarme o en protestar he preferido emplearlo en construir, en intentar poner en acción nuestra misión y visión y en ingresar más, no para hacerme rica, sino para tener un salario justo y digno, que nos permita tanto a mi socia com a mí tener lo básico cubierto y poder volver al nivel de vida que teníamos cuando éramos asalariadas y trabajamos para otros. Recuperar la dignidad que, por desgracia, asociamos a los ingresos. Ni más ni menos.

Y dentro de esa dignidad se incluye poder pedir, por ejemplo, un préstamo para comprar un coche o tener la posibilidad de alquilar una casa, algo muy difícil para los que estamos arrancando una empresa y que para mí ha sido posible gracias a estar casada y a que mi pareja tiene una nómina estable.

Adiós Viventi S.C.

Cuando arrancamos Viventi lo hicimos como autónomas. Éramos tres socias y vimos que esa era la única salida. Con el paso del tiempo y con el aumento de ingresos se abrió una puerta para poder tener una figura jurídica que a la vez nos permitiera crear una pequeña empresa. Así nació Viventi S.C. Una sociedad civil es (o más bien debería decir era) una agrupación de autónomos que trabajan con un mismo fin y que se reparten los ingresos. Se diferenciaba de una S.L. en que los autónomos que la integran responden con su patrimonio ante cualquier contratiempo que se produzca, pero, lo bueno para nosotras es que permitía que dos autónomos o más que trabajan con el mismo fin se junten para trabajar y se repartan los ingresos, puedan hacer declaraciones de la renta acorde con lo que ganan y, en definitiva, puedan crear algo de manera conjunta.

Así lo sentíamos mi socia y yo (somos dos desde hace unos meses porque la tercer socia decidió irse). Sentíamos que estábamos creando algo conjunto, creciendo poco a poco y con una personalidad jurídica que nos permitía presentarnos delante de una empresa o de una institución con cierta entidad y de manera agrupada. Para nosotras esa figura estaba bien para ir poco a poco germinando nuestra empresa y para llevar acabo aquello que nos encanta y que nos mueve.

Pues bien: hace unos días tuvimos que dar de baja nuestra S.C. Y no fue por decisión propia, ni mucho menos. La decisión fue del señor Montoro, quien en la reforma fiscal sentenció de muerte este tipo de empresas. Las dos opciones que teníamos era convertirnos en una S.L. o volver al autónomo. Convertirnos en una S.L. no es de momento viable por el nivel de ingresos que tenemos. Deberíamos rondar los 100.000 euros al año para que nos mereciera la pena y, de momento, no llegamos ahí. Así que lo único que nos queda es volver al autónomo, lo que para nosotras significa dar un paso atrás y perder parte del trabajo que llevamos hecho en estos años como S.C.

A veces lo simbólico importa y para nosotras el simbolismo de esa S.C. era mucho, porque habíamos creado de la nada una empresa propia, así que su pérdida nos duele. Y fíjate cómo es a veces la vida que esa pérdida se ha producido justo a los tres años de haber echado a andar nuestra empresa, cuando creíamos que lo peor ya había pasado y cuando el trabajo empezaba a fluir de un modo más sencillo. Ahora nos encontramos de nuevo atascadas en lo formal, en cómo hacerlo para que el trabajo se reparta de manera justa y para lo que ganamos entre las dos se refleja en las dos.

Yo llevo unos días bastante tocada con esto. Es una pérdida que se suma a otra pérdida que tuve hace un mes y pico que me tocó el corazón y la sensación es ‘cuánto trabajo cuesta construir algo’. No pensaba escribir este post pero ayer mi pareja me preguntó: «¿Que le dirías tú a alguien que le hubiera pasado lo mismo que a ti y que te llegara a hacer coaching contigo? Pues le diría que primero proteste, se queje, saque lo que le quema y que después se ponga manos a la obra de nuevo«. Así que aquí estoy, sacando lo que me duele de la mejor manera que sé hacerlo: a través de la escritura y con la esperanza de que le sirva para algo a las personas que se encuentran en la misma situación.

Éste es el motivo por el que hoy no celebraremos en Viventi el Día Internacional de la Mujer, porque somos mujeres, trabajadoras y porque hoy no tenemos nada que celebrar. Porque eso para lo que estábamos trabajando se lo han cargado desde un despacho de un plumazo sin pensar en todas las horas de esfuerzo, de trabajo y de ilusión que hay detrás.