mentor

Tener confianza en uno mismo significa tener mucho terreno ganado. Las personas que tienen confianza en sí mismas tienen, por así decirlo, un aliado natural a la hora de enfrentarse a la vida, a la hora de afrontar problemas y dificultades y de saber cómo capear los temporales más inesperados. Sin embargo, además de esa confianza en uno mismo es necesario tener algo más. Esta reflexión me surge tras ver la actuación que tuvo Pau Gasol hace unos días en la NBA, cuando batió su récord en esta competición al anotar 46 puntos y coger 18 rebotes. 

¿A qué me refiero cuando hablo de algo más? Ese algo más es la confianza de otro, de ese otro que te puede llegar a cambiar la vida. ¿Y porqué esta reflexión tras el partido de Gasol? Gasol estaba prácticamente desahuciado cuando se marchó de los Lakers. Con 34 años parecía que ya no podía volver a ser quien fue. Pero llega a los Chicago Bulls y de repente renace. ¿Qué ha hecho posible este renacimiento? Al parecer la figura de su entrenador Tom Thibodeau ha sido fundamental para este renacimiento porque Thibodeau había a confiado en él.

Esa confianza ha devuelto las alas a Gasol quien está pasando por el mejor momento de su carrera en este momento, cuando nadie (o casi nadie) apostaba ya con él y cuando parecía que su confianza en sí mismo estaba dinamitada. Muchas de las personas que acuden a nosotros para hacer coaching, hacer entrenamiento de oratoria o nuestro programa de desarrollo profesional lo que vienen buscando precisamente es tener un poco más de confianza. Una vez la ganan, vuelan solos y consiguen sus metas. Igual que le ha pasado a Gasol.

Este episodio de Gasol me hace pensar en el libro El elemento: Descubrir tu pasión lo cambia todo, de Ken Robinson. Este experto en educación inglés habla sobre la importancia de que cada uno encontremos nuestro elemento, esa actividad que nos encanta hacer y para la que hemos nacido y que nos apasiona, como puede ser jugar como pivot de baloncesto para Pau Gasol.

Señala como determinante a la hora de encontrar ese elemento tener un mentor, alguien que vea en ti tu potencial, que te acompañe y que te dé unas palabras de ánimo, que te diga «tú vales para esto». Ese mentor es esa persona que un momento determinado te puede cambiar la vida. Para Robinson un mentor conecta contigo, te acompaña de múltiples formas y durante diversos periodos, de modo que alguno puede estar junto a ti años y otros entran en tu vida en un momento crucial para, se quedan el tiempo necesario para impulsar un cambio trascendental y siguen adelante.

Robinson asegura que los mentores suelen desempeñar alguno de los cuatro papeles siguientes, aunque a veces desempeñan todos:

Reconocer

Robinson defiende que hay una tremenda diversidad de talentos y aptitudes individuales. Una persona puede haber nacido para practicar salto de longitud, mientras que otra para cantar folk. Explica en su libro que algunas personas tienen aptitudes generales para la música, para la danza o para la ciencia, pero lo más frecuente es que sus aptitudes sean mucho más específicas dentro de una disciplina determinada. Una persona puede tener una habilidad especial para un particular estilo de música o para un determinado instrumento: la guitarra y no el violín. Los mentores son quienes reconocen la chispa de interés o la fascinación y pueden ayudar a un individuo a ejercitar los componentes específicos de la disciplina que concuerde con la capacidad y la pasión de esa persona.

Estimular

Éste sería el segundo papel de un mentor. Los mentores nos llevan a creer que podemos conseguir algo que, antes de conocerlos, a nosotros nos parecía imposible. «No nos permiten sucumbir a la falta de confianza en nosotros mismos durante demasiado tiempo, ni a la idea de que nuestros sueños son inalcanzables. Están cerca para recordarnos las habilidades que poseemos y lo que podemos llegar a conseguir si continuamos trabajando duro», explica Robinson.

Facilitar

Los mentores pueden ayudarnos a dirigirnos hacia eso que hemos nacido para hacer ofreciéndonos consejos y técnicas, allanándonos el camino e incluso permitiéndonos vacilar un poco. Nos permiten que dudemos, nos recuperemos y sigamos nuestro camino.

Exigir

Los mentores eficaces nos empujan más allá de lo que nosotros consideramos que son nuestros límites. Por mucho que no nos dejen sucumbir a la falta de confianza en nosotros mismos, también nos impiden que hagamos menos de lo que podemos y nos recuerda que nuestra meta nunca debe ser el promedio de nuestras ambiciones, señala Robinson.

Para este autor «sin un guía experimentado que nos ayude a identificar nuestras pasiones, que aliente nuestros intereses, que nos allane el camino y nos dé un empujón para que saquemos el mejor partido de nuestras habilidades, el camino es exponecialmente más duro».

¿Has tenido algún mentor a lo largo de tu vida que te haya guiado hasta el lugar en el que estás ahora mismo? ¿Haces tú de mentor a alguien reconociéndolo, estimulándolo, facilitando y exigiendo?