Cuando no tienes nada que perder

¿Alguna vez has sentido que no tienes nada que perder? Que es el momento de darlo todo, de vivir como quieres vivir porque la suerte ya está echada y poco importa los resultados de esa acción que ya estás ejecutando o que ya tienes en tu mente con todo detalle planificada. Sabes que sólo hay un camino, como le sucedía a los protagonistas de ‘Dos hombres y un destino’ cuando están acorralados y la única salida es luchar para morir con dignidad.

Cuando no tienes nada que perder es justo el momento en el que no hay punto de retorno. Es un momento parecido al de la locura, pero no es de locura. Es un momento de lucidez extrema, ese momento en el que tienes total conciencia de qué es lo que toca hacer, cuál es el siguiente paso a dar y cómo lo vas a dar.

Ese momento en el que sientes que ya no puedes perder nada, es el momento en el que no hay prejuicios sobre uno mismo, ni tampoco juicio, sólo hay acción. No existe esa doble visión que tenemos sobre quienes somos, en el que hay un yo que actúa y un yo que juzga la actuación.

Cuando no tienes nada que perder esos dos yoes se unen en uno simplemente para ser, con la conciencia de que la única salida es ser, estar, hacer. Cuando no tienes nada que perder es la hora de difuminar el juicio, de no plantearse tanto las cosas, de no hablar de bueno ni de malo, sólo ejecutar sin mirar atrás y sin mirar adelante, con la conciencia de que no hay ni pasado ni futuro, sólo momento presente.

Cuando no tienes nada que perder es un aliciente que la zona de confort se haya roto en 20.000 pedazos porque así no hay paso atrás. Sólo queda dar el paso que te lleva de forma directa al abismo de no saber qué hay detrás de ese paso. Sólo hay ejecución, no hay pensar en las consecuencias porque la consecuencia real sería quedarte como estás, ese lugar que no es ni frío ni cálido, que tan sólo es un lugar de transición en el que sabes que ya no puedes seguir sin moverte ni un minuto más.

Cuando no tienes nada que perder es cuando aparece la lucidez que da la locura, como una revelación que el foco sobre ti y sólo sobre ti y que te da el impulso necesario para jugarlo todo a un único número, al número de no saber qué pasará. Jugar a todo o nada, con la locura que da no temer las consecuencias de tus actos.

Cuando juegas en la vida como quien no tiene nada que perder es cuando la magia llega, cuando lo deseado sucede y cuando la imagen que tenemos de quien somos se cae para dar paso a quien somos en realidad.

¿Qué haces tú cuando no tienes nada que perder? ¿Actúas o te quedas en el mismo lugar que estás? ¿Cómo afrontas ese momento?