Lo siento si después de leer este artículo mío pensáis que soy una aguafiestas que quiere cargarse esa película tan bien montada de que hay que pensar siempre en positivo. Lo siento, pero pensar siempre en positivo es cuanto menos imposible y a veces es incluso contraproducente. Lo siento porque, al menos desde mi punto de vista, pensar siempre en positivo no conduce a nada: tan sólo a negar la realidad que se nos planta delante y que es mucho más real que cualquier pensamiento que nos hayamos echado a la cabeza por muy positivo que sea.

La vida a veces es jodida. Es dura. Y ahí pensar siempre en positivo es tan complicado. Hay personas a nuestro alrededor que lo pasan mal y, en ocasiones, nosotros lo pasamos mal. Nos sentimos impotentes porque la vida no es como queremos, ni como la hemos pensado, ni proyectado… Sentimos la frustración, el no saber, la impotencia o el enfado. La vida tiene su propio pulso e impone su realidad por mucho que hayamos construido ese castillo de princesas y de príncipes de Disney en la cabeza.

La vida manda, da bofetones, es cruda. Existe el cáncer, existen las injusticias, el maltrato animal, hay hombres que matan a mujeres tan sólo por ser mujeres, inmigrantes que se ahogan en un mar que nosotros cruzamos con total tranquilidad en un avión con todas las comodidades. La vida a veces es jodida y decir frases como «a pesar de todo yo pienso siempre en positivo» tiene mucho que ver con negar lo que hay. Ahí pensar en positivo no conduce a nada.

Podemos negar lo que hay o ver lo que hay. Y ver lo que hay significa tener plena conciencia de lo que sucede y de cómo eso me afecta a mí. ¿De verdad que se puede ser optimista ante una enfermedad en apariencia incurable? Ver lo que hay significa tener conciencia de lo que puede pasar, lo que puede venir, cuáles son esas emociones que se me mueven y dejar que esas emociones salgan.

Si toca cabrearse, cabrearse. Si toca contactar con el dolor tan profundo que me produce eso que me ha traído la vida, tocar el dolor y sacar el enfado, la ira o lo que haya. Sí, porque es casi imposible (algún iluminado habrá) que pueda mantener el pensamiento positivo por muy mal que vaya la vida.

Además, ¿te has parado alguna vez a pensar qué carga más dura esa de intentar ver la vida siempre en positivo? Ahí no hay espacio para el dolor, ni para el llanto, ni para la desesperanza y la frustración, que de vez en cuando necesitan ser tocadas.

¿Qué hacer con esos vaivenes que nos trae la vida? ¿Cómo afrontarlos para que sean un aprendizaje y no una condena? ¿Cómo hacerlo para ir hacia delante y no para recular hacia atrás?

Reconocer lo que hay

Lo primero es siendo sinceros con nosotros mismos y mirando de frente las emociones que me genera este hecho. Reconocer lo que hay. Reconocer esas emociones sin intentar teñirlas de rosa es el primer paso. Mi trabajo con mis clientes de coaching wingwave me pone cada día por delante todas las emociones no reconocidas que se van quedando atascadas dentro de nosotros casi a diario.

A ellos le digo que esas emociones son como una tabla de surf en medio del mar. Imagínate que tienes esa tabla entre tus manos y que intentas hundirla dentro del mar. Puedes sujetarla durante unos minutos, quizás durante algunas horas, pero cuando llegue una ola más fuerte, esa tabla saldrá despedida hacia fuera con toda la fuerza que le has estado poniendo para no salga del agua.

Eso es lo que sucede con las emociones que intentamos negarnos. Eso sucede con la rabia, con la ira, con el enfado o con la tristeza no expresados y guardados debajo dentro de nosotros porque creemos que esas emociones no merecen ser expresadas.

Aprender de lo vivido

Y lo segundo es preguntándonos qué aprendizaje hay detrás de esta putada que me ha traído la vida. ¿Qué me quiere decir esto que ahora mismo estoy viviendo y que me está jodiendo la vida? Si lo vives como un aprendizaje en lugar de como una condena, algo habrá que cambiará dentro de ti sin tener la necesidad de ser siempre positivo.

La vida es un continuo aprendizaje y a veces ese aprendizaje nos viene en modo de bofetón. Si nos quedamos en el enfado o en la impotencia por ese bofetón o si queremos pasar página ya sin vivir aquello que nos ha generado, nos quedaremos sin ver el aprendizaje profundo que nos ha traído la vida. Nos quedaremos sin ver ese regalo oculto que ha querido darnos.

¿Cómo te llevas tú con esto del pensamiento positivo? ¿Crees que hay que ha de ser positivo a toda costa o te permites vivir también esas emociones jodidas? Me encantaría leerte ahí abajo, en los comentarios.