renovación personal

¿Te consideras una buena o una mala persona? Me apuesto lo que quieras  a que ya tienes una opinión formada sobre ti y que al haber leído esta pregunta habrás elegido mentalmente una de las dos opciones y, con casi toda seguridad, la elección habrá sido la primera opción, el considerarte una buena persona. Sin embargo, ya te adelanto que aunque seas santa Teresa de Calcuta también habita en ti algo de malo, como te demostraré a lo largo de este artículo.

Si hay algún personaje que desde mi punto de vista prueba esta tesis ése es Walter White quien empieza en la primera temporada ‘Breaking bad’ siendo el mejor padre y esposo del mundo y acaba soltando a los cuatros vientos esa famosa frase que retrata su cambio: «No estoy en peligro, soy el peligro».

Para Walter el ‘click’ que pulsa ese cambio es su cáncer. Para todo héroe hay un punto de inflexión, una noche oscura del alma, como decía San Juan de la Cruz. Al igual que le sucede a Neo, el protagonista de Matrix, al tomar la pastilla azul y elegir ver la vida tal y como es, Walter White emprende su viaje sin retorno cuando decide fabricar meta, mata al primer hombre y se convierte en Heisenberg. Ése es su punto de inflexión.

Quienes habéis visto ‘Breaking bad’ me entendéis a la perfección. Quienes no la habéis visto podéis pensar que estoy hablando en chino, así que os cuento con mucha brevedad de qué va: un profesor de química y padre de familia enferma de cáncer. Su seguro no le cubre la operación así que decide dedicarse a eso que se le da bien: la química y en concreto a algo muy lucrativo dentro del mundo de la química: la fabricación de meta. El problema es que tiene una mujer embarazada, un hijo con parálisis cerebral y que su cuñado es agente de la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos.

A lo largo de las cinco temporadas que dura la serie Walter White pasa de ser un buen tío a malo auténtico, de los que matan a un puñado de tipos sin despeinarse. Ojo, no es que se convierte en malo, lo que sucede es que saca el malo que lleva dentro, el malo que todos llevamos dentro, por así decirlo. Para entender lo que le sucede sólo hay que pensar en el doctor Jekyll y míster Hyde, el bueno y el malo de la novela de Stevenson. Son diferentes caras de la misma moneda al igual que el Walter White bueno del principio y el Heisenberg que poco a poco va adquiriendo protagonismo hasta arrinconar a Walter.

A Walter le vino bien convertirse en malo. ¿Os acordáis del apocado profesor de química de los primeros capítulos? Al principio de la serie era una persona fría, que parecía no estar en el mundo, instalada en la mente y aislada de todo lo que sucedía a su alrededor. Dejaba que lo explotaran y estaba desconectado de su verdadero talento, la química, sólo la usaba para ganarse un sueldo que no le daba para llegar a final de mes y que tenía que completar con un trabajo en un lavadero de coches. Era una persona mediocre, triste, sin sangre ni energía.

Su cáncer fue una llamada de atención para que emprendiera lo que a mí me gusta denominar su viaje interior: ahí, dentro de él, en su esencia, estaba intacto su talento como químico y su fuerza, esa fuerza que también todos tenemos dentro aunque hay veces que prefiramos no verla. Él no tuvo más remedio que llegar hasta ahí porque su camino pasaba por sacar su determinación, su fuerza y hacer algo tan instintivo y primario como luchar por su vida y la vida de los suyos.

El viaje de Walter White consiste en pasar de vivir tan sólo en la mente a hacerlo desde el instinto, sacando el animal desbocado que todos llevamos dentro y que lo lleva de vuelta a la vida, a ser una persona. Ahí, cuando es persona, al principio de la serie, es cuando encuentra el equilibrio: saca esa fuerza que tenía oculta pero, a la vez, sigue conectado con lo que siente, con la compasión, que es lo que nos hace a todos humanos. Cuando se deshumaniza es cuando Heisenberg ni siquiera recuerda que su auténtico nombre es Walter White y cuando el ansia por dominar y por tener poder es tan grande que ni siquiera le enternece la mirada de sus hijos.

¿Cómo es el malo que llevas dentro?

Una de las labores que solemos hacer en los procesos de desarrollo personal y de coaching de vida es conocer a ese malo, a ese Heisenberg, que todos llevamos dentro. Todos somos buenas y malas personas, buenos y malos hijos, buenas y malas madres, como decía la camiseta que llevaba el jueves pasado en el foro Ideas en Femenino Laura Baena, fundadora del Club de Malas Madres, y cuyo mensaje me ha inspirado para escribir este artículo. Así es: todos somos buenos y malos, guapos y feos, tristes y alegres. Es el mundo de las polaridades.

Todos vamos con una máscara por la vida que suele ocultar lo que nos negamos de nosotros mismos y que algunas corrientes terapéuticas denominan el ser inferior. La máscara es lo que mostramos, el ser inferior lo que ocultamos. Podemos aparentar, como le sucede a Walter, ser una persona bondadosa, razonable, comedida… Sin embargo, dentro de él habita un Heisenberg, un monstruo para el que nunca es suficiente.

Conocer a ese monstruo nos permite ponernos en contacto con partes nuestras que están ahí pero que nos negamos por miedo a verlas, por miedo a que nos derrumben la idea que ya tenemos construida sobre nosotros mismos, por miedo a que nos arruine nuestra identidad. Verlo supone vernos a nosotros en casi toda nuestra integridad y permitir que aflore a la superficie esa parte que nos empeñamos en ocultar como si fuera una tabla de surf que intentamos evitar que salga a flote pero que, de forma inevitable, sigue empujando con fuerza hacia arriba.

Si te atreves a echarle un vistazo a ese malo que llevas dentro, te propongo un juego para hacerlo. Simplemente imagínate que por unos minutos te toca encarnar a un malvado de ficción. Puede ser un personaje de cómic, de película, de serie, de cuento… Tú eliges. La única condición es que sientas que su disfraz te encajaría a la perfección en una fiesta de disfraces. Cuando lo tengas, haz un listado con los rasgos de ese personaje malo malísimo. El siguiente paso sería identificar cuáles de esos rasgos suyos son tuyo. ¿Tienes a tu personaje? Yo sí: el mío es Tony Soprano.

→ Me encantaría que te animaras a compartir en los comentarios cuál es tu malo preferido y cuáles son los rasgos suyos que ves en ti.